Evangelismo

Crónica de una promesa: “Su sufrimiento” | VIDA CRISTIANA

Juan 3.16

Génesis 3:14-15

“Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”

 

<<La serpiente se quedó meditando con las Palabras del Creador: Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” (Génesis 3:15). «La Simiente de la mujer me herirá en la cabeza… mientras que yo le heriré en el “talón”.» Esa frase no se le borró de la mente, ni se la ha borrado hasta ahora. «Mi herida será en la ‘cabeza’ repite nuevamente.»

 

Día tras día esta frase ha atormentado a la serpiente. Sabe muy bien que sus días están contados. Comprende que en algún momento esta derrota final se dará. Lo escucha cada vez que lo oye predicar; lo lee cada vez que alguien abre la Palabra de Dios para de ello indagar. Satanás herirá en el talón a la Simiente de la mujer, al Hijo del Hombre, Quién ocuparía el lugar del pecador. Pero en su oscuro y maligno interior estaba también guardada la segunda parte de la frase: “tú le herirás en el calcañar”.

Desde ese momento no ha descansado, desde ese momento ha tratado de traer dolor a la Simiente prometida. A cada instante buscaría la manera de causar dolor al Hijo del Hombre.

Isaías nos relata una gran parte de este dolor: «El Hijo del Hombre sería desechado y despreciado (Isaías 53:3). Lo mirarían y sería motivo de burla, de rechazo, de falta de reconocimiento (Juan 1:9-11). Por más preciosa que sea Su presencia, el Hijo del Hombre no sería estimado.» Satanás sabía muy bien que una de las formas de causar dolor al Hijo Prometido sería haciendo que su misma creación, el hombre en pecado, no lo reciba, y por eso los cegaría espiritualmente para que no lo reconozcan ni como Dios, ni como Salvador (2 Corintios 4:4).

El dolor que llevaría a la Cruz sería el dolor del castigo del pecado del hombre. La ira de Dios tenía que ser aplacada, la justicia impartida, la culpa pagada, y es por ello que “herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados” (Isaías 53:4-5). La Serpiente comprendía que este dolor había sido causado por lo que había hecho con Adán y Eva en el Edén. El dolor causado, era un dolor indirectamente provocado; él no hirió al Salvador directamente, lo hizo por medio de las heridas que el pecado del hombre causó; la serpiente le heriría “en el calcañar”.

Para poder llegar a la Cruz el Hijo del Hombre no podría defenderse. Tenía que callar como oveja en el matadero y recibir el castigo que el hombre, y no Él, cometió (Isaías 53:7).

Moriría en medio de pecadores, gente que como Adán y Eva habían pecado. Él tenía que llevar el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6), y por eso Su muerte tenía que ser en medio de dos impíos (como nosotros), aunque Él no lo sería (Isaías 53:9; 2 Corintios 5:21). “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento…” dice el profeta, y que “cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.” (Isaías 53:10) ¡Ahí estaba la Promesa! Tenía que sufrir, tenía que pagar por la culpa del hombre, tenía que padecer para que expiara (pagara) por el pecado. Pero resucitaría, se levantaría de entre los muertos “para que todo aquel que en Él” crea, “no se pierda”, mas llegue a tener vida eterna” (Juan 3:16; Efesios 2:8-9).

Ahí estaba la respuesta, Isaías sabía muy bien que el Hijo del Hombre, la Simiente Prometida, tendría que morir y sufrir; pero que su muerte traería esperanza al hombre para que nuevamente pueda tener acceso al Creador. Esta sería la herida en la cabeza de la serpiente, el plan perverso sería destruido; el hombre tendría una nueva oportunidad de estar en paz con Dios (Isaías 53:5; Romanos 5:1).

 

Pero quedaba una interrogante: ¿Serían todos librados de culpa? “¿Quién ha creído a nuestro anuncio?”» decía el profeta (Isaías 53:1). La respuesta la sabía él mismo: no todos, sólo unos pocos. Por eso su pregunta retrógrada retumba en el corazón del mundo hasta ahora… ¿Quién lo ha creído?>>

Y esta es la misma pregunta que cada uno nos debemos hacer hoy: ¿Ya lo creo yo?

 

Hechos 16:31

“Ellos dijeron: CREE EN EL SEÑOR JESUCRISTO, Y SERÁS SALVO, tú y tu casa.”

 

«Dios, te quiero dar gracias por enviar a Tu Hijo Jesucristo a morir por mis pecados; Él pagó en la Cruz por mi culpa. Perdóname, y ayúdame a creer y aceptar el sacrificio de Tu Hijo por mí»

 

Juan 3:36

EL QUE CREE EN EL HIJO TIENE VIDA ETERNA; PERO EL QUE REHÚSA CREER EN EL HIJO NO VERÁ LA VIDA, sino que la ira de Dios está sobre él.”

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