2017

Carta escrita por Dios

2 Corintios 3.3 Anexo

2 Corintios 3:1-5

“¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios.”

 

Antes de la llegada de los teléfonos celulares, y más, de las comunicaciones telefónicas de larga distancia, los únicos medios que una persona tenía para comunicarse a larga distancia en forma privada eran las cartas y los telegramas.

 

Los telegramas eran mensajes cortos y concisos que no daba espacio a los detalles para expresar lo que se deseaba a los otros, pero las cartas en cambio aguantaban todo. En ellas se ponían con gran imaginación relatos curiosos de lo que pasaba mientras recordábamos a aquellos, que, por la separación física, no se hallaban a nuestro lado. Se decían los sueños y anhelos vividos, las preocupaciones y alegrías, la nostalgia de la ausencia y la esperanza del reencuentro. Vaya que escribir una carta es todo un arte.

 

También hay cartas de solicitud y otras de recomendación. Pablo, hablando sobre su ministerio y el endoso que tenía en cuanto a la autoridad dada por Cristo hacia él, expresaba a los hermanos de la iglesia en Corinto que ellos en persona eran esa carta de recomendación. Les dice con mucha confianza y cariño: “… Sus vidas son una carta escrita en nuestro corazón; todos pueden leerla y reconocer el buen trabajo que hicimos entre ustedes. Es evidente que son una carta de Cristo que muestra el resultado de nuestro ministerio entre ustedes. Esta «carta» no está escrita con pluma y tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente. No está tallada en tablas de piedra, sino en corazones humanos.” (2 Co 3:2, 3 NTV)

 

Pero si pudiéramos de alguna manera figurativa ampliar esa carta de recomendación escrita por Cristo en favor de la obra de Pablo, lo que pudiera decir sería algo parecido a esto:

 

«Las personas que se encuentra ante su presencia, son portadores en vida de mi recomendación en favor de mi siervo Pablo; todos ellos amados desde la misma eternidad. Yo, como Dios, los creé, les hice nacer, los puse en medio del seno de una familia para que sean alimentados y cuidados en su infancia y juventud. En un momento, cuando ya era tiempo, envié a mi recomendado Pablo para que, utilizando mi otra carta, mi Palabra, llegué a mostrarles cuanto los quiero, pero que lamentablemente habían pecado, y eso me separaba de ellos. Pero en mi misericordia infinita me entregué en la cruz para pagar por sus pecados. Al escucharme, entendieron de mi amor y fidelidad hacia ellos, y fue en ese momento que me pidieron perdón, por tanto, les he dado vida eterna. Estas personas que ven frente a usted son obra absoluta mía. Ahora, para que esto pase, he hecho uso de Pablo, que me ha sido útil para poder continuar con mi trabajo. Todo lo he hecho Yo. Ellos, a quienes todos ven, son la carta de recomendación del empeño fiel de Pablo que me ha servido con amor, siervo que me ha sido instrumento de mi obra. Tanto a ellos, como a mi recomendado Pablo, los amo infinitamente, y un día estarán conmigo siempre. Esto escribo, como certeza de mi obra en, con y por ellos. Atentamente: Cristo, su Redentor.»

2 Corintios 3.3 Color

El Señor ha hecho uso sabio y poderoso de siervos que, con fidelidad, le han servido. Demos gloria y gracias a Dios por aquellos siervos fieles.

 

«Señor, gracias por aquellos que te han sido siervos útiles en la obra que Tú sigues haciendo en nosotros»

 

1 Corintios 15:58

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

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