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Obedeciendo con corazón sincero | En el TRABAJO

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Colosenses 3:22-24

«“Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.”»

Un día en el trabajo recibí una llamada telefónica y me pidieron que hiciera algo en ese instante que requería movilizarme dentro de la ciudad de un extremo al otro para hacer una diligencia. Mi primer pensamiento fue: «¿Y no lo pueden hacer ellos? ¿Por qué tengo que hacerlo este instante? “Ellos podrían hacerlo más rápido pues estaban más cerca que yo; además estoy ocupado”» es lo que se me vino a la mente.

Mi respuesta en mi mente no fue de aceptación con agrado, sino un reproche de inconformidad por lo que me pedían hacer en ese momento, que para mi punto de vista, era inoportuno.

Pero recordando que Dios está en todo lado y que estaba viendo mi reacción me sentí avergonzado al reaccionar de una manera que no le parecía bien a Dios. Supe en ese instante que no estaba obedeciendo con agrado, y que lo que pensaba era no querer obedecer a mis superiores.

Después llegó a mi mente un convencimiento más fuerte: «¿Si hubiera sido Dios mismo Quien me le pidiera, cómo respondería?» Seguro que le hubiera dicho ¡Sí Señor!, o eso creo.

Obedecer a nuestros superiores debería ser algo que se hace con una actitud de servicio que debe implicar un “corazón sincero”. Debe hacerse con respeto y aprecio hacia esa persona en todo momento (“no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres” Col. 3:22). Debe ser algo que lo hacemos “como para el Señor” (Col. 3:23).

Nuestra correcta actitud de servicio y obediencia debe ser una manifestación de amor a Dios y al prójimo buscando beneficiar a todos con mi mejor esfuerzo.

Mateo 22:37, 39-40
“Amarás al Señor tu Dios… y… amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”

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