Matrimonio y Hogar

“Igualito a su papá” | MATRIMONIO Y HOGAR

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Génesis 5:1-4

“Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que CREÓ DIOS AL HOMBRE, A SEMEJANZA DE DIOS LO HIZO. Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados. Y VIVIÓ ADÁN ciento treinta años, Y ENGENDRÓ UN HIJO A SU SEMEJANZA, CONFORME A SU IMAGEN, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas.”

Cuando los padres discuten por algo malo que uno de los hijos ha hecho en casa, se escucha decir con frecuencia de uno de ellos: “¡El niño es igualito a ti!”. Hasta cierto punto esta expresión refleja una verdad… “a medias”, porque el hijo es “igualito” a ambos padres.

El día que creó Dios al hombre, Adán tenía la característica de pureza; al igual que Dios era sin pecado. Cuando pecó Adán, cambió su condición y dejó de ser únicamente bueno, y llegó a ser una persona influenciada por el pecado también.

Esta nueva condición no solo afectaría a Adán, sino que trajo el pecado a todos los seres humanos.

 Romanos 5:12

“Por tanto, como EL PECADO ENTRÓ EN EL MUNDO POR UN HOMBRE, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, POR CUANTO TODOS PECARON.”

David, al hablar de su condición de pecado, dice que al ser engendrado en el vientre de su madre adquirió esta nueva naturaleza (Salmos 51:5).

Cada niño que nace adquiere esta nueva condición pecaminosa. El momento que fue creado Adán, él tenía entre sus “semejanzas” las características de pureza de Dios. Cuando los hijos de Adán nacieron, ellos obtuvieron no solo la característica de piedad, sino también la característica para hacer lo malo.

 «“CREÓ DIOS AL HOMBRE, A SEMEJANZA DE DIOS LO HIZO VIVIÓ ADÁNY ENGENDRÓ UN HIJO A SU SEMEJANZA (a la de Adán), CONFORME A SU IMAGEN”»

Cuando uno de los padres vea a su niño hacer una travesura, si podría decir con gran certeza… “¡Igualito a mi pareja, pero también a mí!”.

Nuestros hijos tienen nuestra característica pecaminosa, y el entender esta verdad nos ayudará a corregirlo con amor y verdad, como si lo hiciéramos a nosotros mismos.

Todo niño que hace lo malo necesita nuestra corrección. Corrijámoslos entendiendo que son iguales a nosotros, de pecadores.

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