Matrimonio y Hogar

Hermano o Adversario | MATRIMONIO Y HOGAR

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Génesis 4:3-5, 8.

“Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y SE ENSAÑÓ CAÍN EN GRAN MANERA, Y DECAYÓ SU SEMBLANTE… Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y ACONTECIÓ QUE estando ellos en el campo, CAÍN SE LEVANTÓ CONTRA SU HERMANO ABEL, Y LO MATÓ.”

Durante mi tiempo de escuela primaria tuve la oportunidad de compartir mi clase con 2 hermanos mellizos, aunque procedían de la misma familia y del mismo vientre materno, eran diferentes. Si bien sus diferencias físicas eran algo notorias, lo que los diferenciaba más era el carácter de cada uno.

El que nuestros hijos se críen juntos o no, dentro de las mismas condiciones e igual trato, no asegura que entre ellos no existan problemas. Cada uno de ellos tiene una personalidad única con singulares intereses que los hace diferentes entre ellos.

Entre Caín y Abel no hallamos diferencias entre la manera que sus padres lo trataron, o por lo menos la Biblia no lo menciona; pero fue la manera como ellos temían y buscaban a Dios lo que marcó la diferencia. Era evidente que Caín tuvo muy poco interés en su relación con Dios a pesar que el Señor lo buscó (Génesis 4). Lo que llama la atención es su interés egoísta de obtener crédito y atención, y como no “sobresalió” como su hermano Abel, decidió matarlo para eliminar “su competencia”. La naturaleza pecaminosa de Caín lo llevó al homicidio de su hermano porque no le convenía la presencia de su hermano Abel.

Los hermanos pueden llegar a competir de manera tan “agresiva” contra quienes ellos consideran su “adversario” que puede crear un campo de batalla en casa. Sus intereses egoístas y sus personalidades tan diversas pueden crear grandes conflictos en la familia.

Proverbios 18:19.

El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, Y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar.”

Los padres debemos poner mucha atención en la forma como educamos y cuidamos nuestros hijos. Evitar los favoritismos, tratar con equidad, amarlos a todos con igualdad; y sobre todo velar con mucha atención el comportamiento de ellos nos ayudará evitar problemas. Cuando sea necesario intervenir, con amor y firmeza, debemos de alguna manera erradicar aquellos conflictos que dañan mucho la relación entre los hermanos.

Los hermanos debemos recordar que somos un miembro más de mi familia, que mi hermano no es mi adversario, sino mi consanguíneo más cercano al cual debo amar. Si creemos que existe problemas en el trato que los padres nos dan, hablemos con nuestros padres para evitar las injusticias; pero no haciéndolo egoístamente, sino buscando igualdad desinteresada.

Si eres padre, ama con equidad a todos tus hijos. Si Dios no hace acepción de personas, ¿por qué a veces nosotros sí? Si eres un hermano, ama a tu hermano de la forma que quisieras que tu hermano te ame a ti.

Salmos 133:1

“!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”

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