Vida Cristiana

Una serenata a nuestro Dios | VIDA CRISTIANA

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Salmos 84:1-4

“!!Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; MI CORAZÓN Y MI CARNE CANTAN AL DIOS VIVO. Aun el gorrión halla casa, Y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos, cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos, Rey mío, y Dios mío. Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán.”

Cuántos de nosotros no disfrutamos en gran manera del canto de las aves, mucho más en las horas de la mañana cuando estas delicadas criaturas llegan a la ventana de nuestra alcoba a deleitarnos con su canto matutino. Son momentos en los que nos deleitamos de su existencia. Si pudiéramos detener ese tiempo por un rato, seguro que muchos lo haríamos.

¿Se podría imaginar si estas preciosas aves vinieran voluntariamente, e indicándole su deseo de cantarle, le exteriorizan su empeño de visitarle a usted diariamente a su alcoba para cantarle con amor al pie de su ventana? Sería un regalo maravilloso.

El Salmo 84 es uno de esos cantos de adoración al Señor. Estos cantos los entonaban los visitantes a Jerusalén cuando venían acercándose a la ciudad. Se los conoce como los salmos de ascenso porque eran cantados mientras el creyente subía para acercarse al Templo de Dios para adorar.

Leyendo los primeros cuatro versículos del Salmo, podemos ver un corazón ferviente que anhela la presencia de Dios (v. 1 y 2). Expresa el autor que estar en la presencia de Dios es un lugar tan maravilloso que hasta los gorriones y las golondrinas hacen sus nidos y habitan deleitosamente ante su Creador (v. 1 y 3). Con certeza aclara que no hay nada más bello que estar ante el Señor y que son bienaventurados los que habitan en comunión con Dios (v. 3 y 4). Y durante estos cuatro versículos vemos a un corazón ferviente expresando su tierno amor ante su Rey y Señor.

Si nosotros nos deleitamos ante el canto matutino de las aves, ¿se puede imaginar cuanto se deleitaría Dios ante “la serenata” de un corazón agradecido de un siervo que anhela estar ante Él?

Si tu corazón no tiene ese anhelo diario de adorar a Dios, es porque hay algo que está afectando tu relación con tu Creador. Ora, pide a Dios te ayude a dejar el pecado que te ha apartado de Dios y pídele que forje en ti un corazón adorador… Solo ahí te deleitaras llevando serenatas al Señor.

Y si estás en comunión con Dios, que tu vida sea una serenata de amor constante a los oídos de Dios a través de tu obediencia.

¿Por qué no empezar ahora a adorar a Dios hoy? Tarde que temprano estaremos ante Él en la eternidad dando serenatas al Creador.

“… MI CORAZÓN Y MI CARNE CANTAN AL DIOS VIVO… Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán.” (Salmos 84:2, 4)

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