Matrimonio y Hogar

Consintiendo a mi “BEBÉ” | MATRIMONIO Y HOGAR

Hijos consentidos

Proverbios 29:15

“La vara y la corrección dan sabiduría; MAS EL MUCHACHO CONSENTIDO AVERGONZARÁ A SU MADRE.”

En la etapa de educación de nuestros hijos durante su niñez y juventud, una de las áreas que requiere mucha sabiduría es la administración de disciplina o libertad en las cosas que les permitimos o que hacemos por ellos.

Muchos de los padres tienen la tendencia a llevar su corrección a uno de los extremos: o somos muy estrictos o somos muy contemplativos y benevolentes en lo que les permitimos. La capacidad de administrar una apropiada disciplina a nuestros hijos ha sido, y será, una de las claves para la formación del carácter de nuestros hijos.

En una sociedad actual, en donde la “auto-contemplación” es la generadora de muchas “libertades”, lo que se observa cada vez más es una destructiva y negativa permisividad en lo que se consiente hacer a los hijos.

A menudo se escucha decir: «Yo le permito hacer esto a mi hijo porque cuando era pequeño mis padres fueron muy “estrictos” y no me dejaron hacer lo que quería o no me dieron lo que deseaba». Esta censurada manera de pensar ha llevado a la sociedad actual a permitir que los hijos lleguen a adquirir cierto nivel de “derecho” que los pone actualmente en una posición de exigir lo que ellos desean y no de recibir lo que debidamente merecen o necesitan.

Más y más se ve en las calles a niños demandando sus derechos antes sus padres. Ya no se puede decir NO a algo que los hijos piden, porque ya no es una petición, sino una demanda de parte de los hijos, y los padres están en la obligación de cumplir.

En ciertos países se han creado leyes en donde ya no se puede siquiera disciplinar a los hijos porque los padres pueden ser demandados legalmente por sus propios hijos a causa del “maltrato en el hogar”. Ya no se puede impartir disciplina a nuestros hijos. Es hacia allá donde esta destructiva “auto-contemplación” nos ha llevado.

¿Pero, y quienes crearon este tipo de leyes? Nadie más que los mismos padres.

Las dos últimas generaciones de padres han crecido con la idea de la auto-satisfacción, considerando esta idea como el patrón que rige su conducta ante la sociedad; y ha sido esa idea pecaminosa la que se ha transmitido a nuestros hijos para “favorecerles” con nuestra magnífica idea.

La Biblia está llena de enseñanzas de cómo debemos educar a nuestros hijos, y todos ellas nos dicen que la disciplina (con firmeza y amor) debe ser parte de la formación de nuestros hijos. Si nuestros hijos no son educados con disciplina, lo que se obtiene a futuro son hijos que no van solicitar, sino van a demandar sus complacencias.

Si se debe dar espacio a los hijos y a sus ideas, lo que no se debe es permitir que sean ellos quienes tomen el mando en casa. No se debe tampoco llegar al extremo de decir NO a todo, pues ello puede crear un ambiente hostil en nuestra comunicación con ellos.

Disciplina, amor, sabiduría, y sobre todo la guía de Dios deben ser los patrones que nos ayuden a educar a nuestros hijos, sino, llegaremos a tener a un hijo dictador y controlador en nuestro hogar.

Proverbios 13:24

“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; MAS EL QUE LO AMA, DESDE TEMPRANO LO CORRIGE.”

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