Vida Cristiana

El Ayudador | VIDA CRISTIANA

Juan 16.7

Juan 16:5-8

“Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, EL CONSOLADOR NO VENDRÍA A VOSOTROS; mas si me fuere, os lo enviaré. Y CUANDO ÉL VENGA, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.”

 

Una tarde estaba en el trabajo, y mientras miraba a mis compañeros laborar me puse a meditar y a pedir a Dios por ellos, pidiendo al Señor que los ayude en sus labores diarias. Ese mismo instante me puse a pensar en mi vida y vi mi gran necesidad de Dios también. Le dije en ese instante: «Señor, ayúdame a serte fiel, dame la fuerza para seguir adelante y guíame para hacer Tu voluntad

Mientras oraba vino a mi mente un pensamiento inmediato como respuesta: «Tú sabes que tienes a tu disposición de toda la ayuda que necesitas, el Espíritu Santo es tu recurso más valioso que tienes para ayudarte a solucionar estas necesidades en tu vida». Ese momento me di cuenta de lo bendecido que somos al tener presente en nuestras vidas a la Tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, Quién mora en el creyente y que lo capacita para todas las necesidades de nuestro caminar cristiano.

Jesucristo, la noche antes de su crucifixión les dice a Sus discípulos que había llegado la hora de ser entregado para morir por el pecado del hombre. Sabía muy bien la necesidad que habría en el momento de Su ausencia en la vida de sus amados amigos y les dice: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, EL CONSOLADOR NO VENDRÍA A VOSOTROS; mas si me fuere, os lo enviaré”. (Juan 16:7)

Palabra griega de la cual traducimos “Consolador” es Parakletos (παράκλητος, G3875), que también puede ser traducido como Ayudador o Intercesor. Esta palabra es un adjetivo verbal que da la idea de un Ser que está al lado de uno listo para ayudar. Cuatro veces durante esta noche de despedida Jesucristo les promete que enviará al Espíritu Santo (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7-13). El deseo de nuestro Señor era el de asegurar a los discípulos que, a pesar de Su partida de vuelta al cielo, Él no los dejaría solos, sino que enviaría a “otro igual” en poder y deidad, al Espíritu Santo (Juan 14:16).

El Espíritu Santo como Ayudador nos ayuda a saber y recordar la verdad (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:8-13), y a vivir en obediencia (Gálatas 5:16; Efesios 5:18). Como Consolador nos anima en nuestros momentos de soledad y dolor (Juan 16:7). Como Intercesor nos ayuda en nuestra incapacidad de saber orar (Romanos 8:26).

Mientras oraba, Quién me alentó y me recordó que ya tenía todo lo que necesitaba para ser fiel y poder seguir adelante fue el mismo Consolador y Ayudador, el Espíritu Santo.

Lo grandioso de la presencia del Espíritu Santo es que es para siempre (Juan 14:16). El Consolador mora en todo creyente desde el mismo día de la salvación, y permanece en él hasta el día que el creyente vaya a la presencia de Dios (Efesios 1:13-14).

«Señor, muchas gracias por la presencia y obra del Espíritu Santo que nos capacita en nuestra vida cristiana»

Juan 14:16

“Y yo rogaré al Padre, y OS DARÁ OTRO CONSOLADOR, para que esté con vosotros para siempre.”

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