Blasfemia, el imperdonable pecado

El juicio eterno (v. 29) es el enfrentamiento del hombre ante el Justo Juez, Quien traerá a todo hombre a ser evaluado por sus pecados, y solo serán librados de la condenación aquellos que aceptaron el testimonio del Espíritu Santo acerca de Cristo, haciendo que sus nombres sean inscritos en el libro de la vida del Cordero (Apocalipsis 20:11-15).

En la división hay destrucción

Todos somos llamados a ser pacificadores, reconciliadores, perdonadores, etc. La unión hace la fuerza, dice un dicho popular, mientras que la división destruye.

La hermosura de la “locura”

La familia de Jesús, y los escribas que vinieron a ver a Jesucristo no llegaban a ver la manifestación poderosa de Dios en el ministerio del Señor porque estaban muertos espiritualmente, y, por tanto, ciegos a la realidad del Verbo de Dios.

Motivados por la comprensión

El poder comprender todo lo que representa el ser llamados, el ser establecidos, y el ser impartidos con Su autoridad solamente nos lleva a una acción: “Responder favorablemente con motivación”.

Demanda un esfuerzo

¿Qué tanto hacemos para seguir a Dios? ¿Bajo qué estándar medimos nuestra adoración al Señor, bajo el nuestro, o bajo la voluntad de Él?

El mal del endurecimiento de corazón

Muchos tenemos la tendencia a enojarnos más ante la dureza del hombre, y poco a entristecernos por su condición. Ambos sentimientos deberían estar presentes. Si expresamos más molestia que tristeza, entonces nuestro corazón está endurecido por nuestra falta de perdón y compasión.

El destructivo legalismo

Francisco Lacueva nos dice que «el legalismo es es un sistema ético que hace de la ley la norma de la conducta moral del cristiano, y cuya observancia lleva a la salvación»; por tanto, el legalismo aleja del sentido mismo de la salvación por fe, demandando obra.

Requerimos comenzar de nuevo

Las enseñanzas bíblicas no caben fácilmente en la mente de personas que quieren añadirlas en sus vidas cuando están llenos de religiosidad o falsa enseñanza, necesitamos abrir nuestro corazón y permitir que Dios edifique nuestra vida con verdades eternas, pero para ello requerimos estar dispuestos a ser enseñados desde el inicio. (Marcos 2:18-22)