Enfrentando el desprecio

Cuando Dios está por hacer algo grande, siempre usa ejemplos significativos para mostrar Su gloria en medio del hombre. Él estaba por reconstruir Su amada Jerusalén, y esto sería notorio entre todos, pero en especial, en medio de los pueblos enemigos. Dios estaba por hacer algo grande.

Incrédulos por naturaleza y voluntad

Si bien el engaño introdujo la mentira al mundo, y por eso es correcto dudar de la veracidad de muchas cosas; cuando se trata de las verdades de Dios, esa duda se convierte en un pecado, porque rechaza voluntariamente a Dios y Su Palabra. El reproche de Jesús es una muestra de la manera como Dios mira a la incredulidad (Mt. 13.58; 17.20; Mc. 6.6; 9.24; 16.14).

¿Es asombroso, verdad? ¡Ha resucitado!

La muerte de Jesús no hubiera completado su propósito sin la resurrección. Así como la moneda tiene 2 caras para estar completa, las buenas nuevas basan la esperanza de salvación en la muerte y resurrección. Y así como el ángel envió a dar testimonio de la resurrección a las mujeres, nosotros somos enviados hablar del evangelio de Cristo, de Su muerte y resurrección, tal cual lo dice las Escrituras (1 Co. 15:1-4)

La osadía de la fe

La verdadera fe trasforma a la persona; de ser un tímido oyente a un valiente seguidor, sin miedo a testificar. Pablo nos dice que Dios no nos ha dado “espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” y por lo tanto no deberíamos avergonzarnos de dar testimonio de Cristo. (2 Ti. 1:7, 8)

Lo que debemos esperar (II)

Hoy en día muchos han sufrido persecución y rechazo de las personas. Hay países que, gobernados por una religión falsa, rechazan cualquier posibilidad de predicación bíblica. En muchos de esos países las personas sufren encarcelamiento, torturas, y hasta la muerte.

El Dios de vivos

La resurrección es una realidad que también se halla escrita en varios pasajes del Nuevo Testamento. Jesús mencionó que había resurrección para vida y otra para condenación (Jn 5:29); y Él mismo, al resucitar, manifestó Su majestad y deidad (Hch. 2:29-35; Ro. 1:1-4).

¡También hay que perdonar!

Podemos concluir que la oración no solo debe estar formada con un corazón creyente, sino, con uno santo también. Como diría un comentarista: «El acto de perdonar es una decisión que viene como el deseo de cumplir la voluntad de Dios»