El anhelo sublime del creyente

Nuestra vida debe reflejar el carácter del Señor, y para ello Dios usa varias vías para ayudarnos a crecer. La obra del Espíritu Santo, la Palabra de Dios, las pruebas, las disciplinas, la iglesia, otros creyentes y más, son los medios por los cuales Dios va forjando el carácter de Su Hijo en cada creyente, pero es el creyente quien debe alinearse con la voluntad de Dios y desear alcanzarlo.

Consideraciones antes de actuar

Nuestro mayor deseo al actuar como creyentes debe ser el buscar mi beneficio y el de otros, sin ser tropiezo o carga para los demás ni para mí mismo. Pero, sobre todo, debemos buscar que nuestro comportamiento traiga “gloria” a “Dios”, a quien adoramos y honramos con lo que hacemos en esta vida, y quien es digno de toda gloria.

¿Qué poder hay detrás de un ídolo?

La idolatría es uno de los pecados más nombrados en la Biblia, sobre todo en el A.T. Desde el Decálogo vemos que era uno de los pecados mencionados en las tablas que Dios dio a Moisés (Éx. 20:4). Y el Señor lo menciona constantemente para recordarnos que nuestra adoración debe ser dada solamente a Él.

Y la Luz vino al mundo

Dios, sabiendo la necesidad del hombre proveyó por medio de Jesucristo la luz que necesitaba para encontrar el camino al cielo; y por medio del mismo Jesús proveyó del agua que saciaría el alma sedienta. Navidad es el recordatorio de que un día la Luz vino al mundo y habitó entre nosotros para que podamos así ver nuestra necesidad y encontrar el Camino al Padre. Jesucristo es el único camino al Padre (Juan 14:6).

Jehová es mi luz y mi salvación – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (VIII)

Cuando nos encontramos en medio de problemas o ante crueles enemigos tres elementos pueden ser nuestros aliados para enfrentar apropiadamente: Luz, salvación y fortaleza.

Un mundo que aborrece

A pesar del odio del mundo, seamos valientes y amorosos testigos del amor del Señor.

¿Cuánta luz hay en su vida hoy?

Mientras más cerca estemos de la luz de Dios más lejos estaremos de la oscuridad del pecado.

Pero sin andamos en luz

“El pecado aleja al hombre de Dios y de su prójimo. Desbarata la vida y aumenta la confusión. En vez de paz, hay discordia; en vez de armonía, desorden; y en lugar de comunión, enemistad” (Kistemaker, S. J).