¿Tiene Él cuidado de mí?

Muchas veces esas mismas “tormentas” son lecciones que Dios permite para que aprendamos a transformar nuestro conocimiento en una convicción. Es a través de las experiencias en donde desarrollamos la fe.

Capacidad creciente

Si deseamos entender más de la Palabra de Dios, necesitamos comprometernos a ser enseñados y a obedecer (“permanecer” Jn. 8:31-32), sólo así seremos discípulos del Señor aptos para buenas obras, capacitados por Su Palabra (2 Ti. 3:16-17).

Demanda trabajo y tiempo

Nuestra obra en el Señor nunca es en vano, pero si demanda esfuerzo firme y constante (1 Co. 15:58). Sigamos fieles y confiemos en Dios, porque Él sigue trabajando, y un día veremos los frutos.

Efecto resultante

La Palabra de Dios nos dice que no se buscan simples “dádivas, sino… fruto que abunde en vuestra cuenta”. Lo que el creyente da es resultado de una fuerte y sana relación con Dios, algo que es considerado como parte de su participación en el reino, es de ello que Pablo se gozaba, pues veía que los creyentes en Filipos estaban madurando al participar en el reino a través de las ofrendas.

En torno a Él

Las Escrituras nos enseñan, de principio a fin, que Jesucristo es Dios Encarnado, 100% Dios y 100% Hombre. Pablo expresa que, para la mente humana, esta verdad de Jesucristo Dios es un misterio que debe ser revelado espiritualmente, pero que está al alcance por medio de le fe en Jesús (2:3-5).

Una posibilidad universal

Las posibilidades son altas cuando se trata de ser tentados. Entendiendo que el ser tentado y el pecar son dos conceptos distintos, un creyente humilde puede mirar su propia vulnerabilidad y actuar empáticamente ante alguien que haya pecado.

Es sólo por “un poco de tiempo”

Cuando tenemos que esperar en medio del dolor de una sala de espera en el hospital, o cuando alguien se encuentra en cirugía y sus familiares tienen que esperar por las noticias del doctor, o cuando estamos en el trabajo y el cansancio nos agobia, parecería que el tiempo pasa más “lento” de lo real, y las manecillas del reloj nos parecen que van a una velocidad menor de lo habitual. La percepción del tiempo varia en nuestra mente de acuerdo con las circunstancias.