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Josué 14:12
“Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.”
Josué 15:13-19
“Mas a Caleb hijo de Jefone dio su parte entre los hijos de Judá, conforme al mandamiento de Jehová a Josué; la ciudad de Quiriat-arba padre de Anac, que es Hebrón. Y Caleb echó de allí a los tres hijos de Anac, a Sesai, Ahimán y Talmai, hijos de Anac. De aquí subió contra los que moraban en Debir; y el nombre de Debir era antes Quiriat-sefer. Y dijo Caleb: Al que atacare a Quiriat-sefer, y la tomare, yo le daré mi hija Acsa por mujer. Y la tomó Otoniel, hijo de Cenaz hermano de Caleb; y él le dio su hija Acsa por mujer. Y aconteció que cuando la llevaba, él la persuadió que pidiese a su padre tierras para labrar. Ella entonces se bajó del asno. Y Caleb le dijo: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Concédeme un don; puesto que me has dado tierra del Neguev, dame también fuentes de aguas. El entonces le dio las fuentes de arriba, y las de abajo.”
La fe requiere confianza y acción para que active las promesas de Dios. Si bien la fe es generadora de esperanza, llevándonos a confiar en que podemos obtener muchas cosas prometidas por Dios, esta fe en sí sola no obtendrá lo esperado sin la toma de decisiones o acciones en favor de ello.
Por ejemplo, Jesús nos ofrece una vida abundante, no solo para la eternidad, si no para esta vida también (Jn. 10:10), pero no todos la obtienen, porque no se han apoderado de ella por medio de la obediencia y la madurez de carácter. Otro ejemplo es que Dios nos ha dado de Su Espíritu y a Su Palabra para que podamos crecer a la imagen de Cristo, y tenemos la posibilidad de hacerlo, pero no todos lo alcanzan por no dejar el pecado ni el peso que nos asedia (He. 12:1).
Entonces vemos que la fe debe ir acompañada de acción para que sea real y traiga los beneficios que se nos prometen.

En el pasaje de Josué en el capítulo 14, nos encontramos con Caleb, compañero de Josué en la tarea que les fue encomendada 45 años atrás, en la cual reconocieron la tierra prometida. Ese día ellos fueron los dos espías que creían firmemente que Dios les ayudaría a conquistar la tierra (Nm. 13 – 14), y por esa razón, ellos sobrevivieron en el desierto y entraron en la tierra. Y en el pasaje del capítulo anterior, vemos que Josué le concede a Caleb la oportunidad de recibir Hebrón y las tierras aledañas (Jos. 14:6-15).
Ese día Caleb puso su esperanza en que Dios le daría la ciudad como se le había prometido (Jos. 14:12), esa había sido su «premio a la fe» (lección anterior); pero este varón no la obtuvo hasta que él mismo, confiando en el favor de Dios, fue y “echó de allí a los tres hijos de Anac…” (Jos. 15:14). La ciudad sí se le había dado en promesa como heredad, pero no la obtuvo hasta que el mismo Caleb fue y sacó de allí a sus moradores.
Caleb no solo tomó a la ciudad de Hebrón, sino que la obtuvo de las manos de los hijos de Anac, gigantes que moraban la tierra. A más de esa ciudad, fue y tomó Debir junto a la ayuda de Otoniel (Jos. 15:15-17). Caleb confiaba en la ayuda de Dios, y Él le dio la conquista.
Debemos recordar que Dios nos ofrece muchas promesas en esta vida antes de ir a Su presencia, promesas que son para recibirlas aquí en esta vida, pero que no las conquistaremos sin que nuestra fe nos motive a buscarla. Una fe verdadera solo tiene la recompensa cuando nosotros salimos a «conquistar» lo que se nos ha prometido. ¿Está usted confiando en Dios en acción en base a lo que Él ya se lo ha prometido? Salga, y vaya en pos de ello.

«Una fe que no actúa en pos de lo prometido no es una fe bíblica, es solo un anhelo o deseo sin verdadera confianza»
Ministerio UMCD