Cinco pilares del carácter

Debemos mantener presente que cada creyente debe seguir creciendo a la imagen del Señor, y siempre una exhortación con ese propósito viene bien (2 Ti. 4:2).

Una insignia del creyente

La ira, los pleitos, el egoísmo, el odio, el rencor, la mentira, el orgullo, etc. son manifestaciones del pecado que afectan nuestra manera de comportarnos con los demás, y mientras ello exista en la iglesia los problemas no dejarán de existir. ¡Por eso es urgente que todos crezcamos ya!

Autoridad y sumisión

Dios ha establecido un orden en la cadena de autoridad y sometimiento que ayuda al debido desarrollo de la vida en todo sentido, y ese orden da al hombre y a la mujer derechos y responsabilidades que deben ser apropiadamente llevadas para dar buen testimonio ante los hombres y los ángeles, pero, sobre todo, para agradarlo a Él.

El anhelo sublime del creyente

Nuestra vida debe reflejar el carácter del Señor, y para ello Dios usa varias vías para ayudarnos a crecer. La obra del Espíritu Santo, la Palabra de Dios, las pruebas, las disciplinas, la iglesia, otros creyentes y más, son los medios por los cuales Dios va forjando el carácter de Su Hijo en cada creyente, pero es el creyente quien debe alinearse con la voluntad de Dios y desear alcanzarlo.

Libertad sabia

En Cristo tenemos libertad para hacer algunas cosas que no afectan nuestra relación con Dios, pero si alguien mira esa libertad como inapropiada, debemos, por amor a esa persona evitarlo. La Biblia nos recuerda que no debemos “poner tropiezo u ocasión de caer al hermano”, antes bien, que “sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”. (Ro. 14:13, 19)

Demos a conocer nuestra gentileza

Una sonrisa gentil, un saludo amable, y una respuesta afable siempre serán bien apreciadas.

En la “Escuela de las Limitaciones”

El CONTENTAMIENTO no viene con la posibilidad de adquirir lo que no tienes, sino que es un proceso de enseñanza en donde se aprende a vivir en suficiencia con lo que ya se tiene y sin precisar de “ayuda alguna”.

¡Cuidado con el orgullo!

Hoy en día, algunos hermanos de algunas iglesias podrían menospreciar a los otros creyentes por tener ciertas características que otros no tienen: Tamaño de congregación, ciertos ministerios u posibilidades de recursos, algunos maestros y predicadores, etc. La vanidad dentro de los creyentes aún se puede ver en nuestros días, y entre mayores esas diferencias, mayores las posibilidades de envanecerse.