Los caminos y sus caminantes

Dependiendo cuál destino queremos alcanzar, debemos considerar cómo tomamos esas decisiones en la vida. Si deseamos ser bendecidos, entonces debemos buscar y depender de Dios siempre; pero si no queremos someternos a Dios, entonces tengamos en mente que nuestro fin puede ser ese “camino de muerte”.

Nuestra vida no tiene que estar vacía

Solo Dios puede cambiar esa risa que enmascara la tristeza en una profunda y verdadera felicidad. Lo que tiene es que poner sus ojos en Cristo, pedirle que restaure su vida, y solamente allí encontrará lo que tanto necesita: Restauración de su vida, significado, y propósito para vivir pleno en Él. ¡Busque a Cristo y encontrará lo que su alma realmente necesita!

Solo el esfuerzo produce frutos

En la antigüedad, los bueyes eran considerados los tractores del campo. Una yunta de bueyes era el instrumento ideal para labrar la tierra y así poder sembrar para posteriormente cosechar. Aunque el mantenimiento de los bueyes en el granero demandaba alimentarlos y mantener limpio el lugar, el beneficio que traían era grande. Por eso los bueyes eran considerados de gran valía, y el esfuerzo de mantenerlos era recompensando con los frutos que brindaba su trabajo.

Nuestros pasos nos delatan

Nuestros pasos delatan nuestro temor a Dios o nuestro menosprecio a Él (v. 2). Como en el ejemplo de nuestra ilustración, la vida que decidimos seguir es la que declara si realmente queremos seguir a Dios en temor y reverencia, o si dejamos que nuestro pecado nos controle.

No menosprecie la corrección a su hijo

Existe una gran diferencia entre ser un hijo y un padre, cuando se trata de dar corrección o disciplina a los hijos. Cuando uno es hijo, el deseo es que los padres nunca nos disciplinen con rigor, puesto no nos gusta sufrir el castigo que nos vayan a dar. Pero cuando uno es padre, es entonces cuando el dolor también viene, pero esta vez, porque nos imaginamos cuanto van a sufrir nuestros hijos porque debemos disciplinarlos. ¡Pero la verdad es que es necesario!

“Dime con quién andas…”

La conducta colectiva de un grupo de personas, y, por ende, de cada uno de sus integrantes, está marcada por la constante convivencia de ese grupo. Sea para bien o para mal, el comportamiento de ese grupo se forja por el mismo interés o fin por el que se agrupan.

“El que espera desespera”

Lo hermoso de la espera es que, cuando llega el tiempo, y Dios lo considera apropiado, entonces el cumplimiento de ese deseo llena nuestras vidas de gran gozo: “Pero árbol de vida es el deseo cumplido”. Por ello, debemos trabajar con Dios mientras esperamos, escuchemos Su guía, confiemos en Su Palabra, y si Él lo desea, entonces aprendamos a esperar, porque cuando el tiempo se dé, la recompensa de esperar es grandiosa.

Hay palabras que hieren y otras que sanan

Muchas veces no nos damos cuenta del poder que tienen las palabras en los receptores. Nuestras palabras tienen gran poder, bueno o malo, en función de la manera cómo las expresamos, el motivo que las genera, y el corazón de quienes las reciben.