¿Cómo mira Dios al deshonesto?

La honestidad es la actitud del que no engaña o defrauda a nadie, menos se apropia de lo que es de otros. También se considera como la actitud de aquel que cumple escrupulosamente con su deber o función. Y, además, una persona honesta es aquella que respeta y cumple las normas de comportamiento social y moral presentes en una comunidad o sociedad.

¿Cómo son las personas estafadoras?

¿Cómo se sentiría usted si fuese el rey de esta historia? Nadie quiere ser engañado o estafado porque genera gran indignación, y más cuando detrás de ese engaño hubo una gran pérdida.

El problema de no consultar a Dios

Ser engañado es una de las acciones que nadie quiere recibir, y muchos sufrimos profundamente la indignación de haber pasado por ese perjuicio. Viviendo en un mundo donde el engaño es cada vez más frecuente hallarlo, donde la honestidad y el trato justo va desapareciendo, es imperante que nosotros nos aseguremos de no sufrir el perjuicio de tal mal.

Compromiso de colaboración

¿Es usted una persona que mantiene su palabra cuando se comprometió, o solamente da su palabra en ese momento para librarse de un compromiso inmediato?

La iglesia, causa de sufrimiento emocional

Para quienes realmente valoran la iglesia, el sufrimiento puede ser muy intenso cuando un hermano o toda la congregación enfrenta una dificultad. El amor por ellos es muy profundo, y cuando los problemas llegan en medio de la congregación, el dolor se siente propio, aunque el problema no sea de uno.

El peligro de los falsos ministros

La astucia de Satanás para introducir sus engaños y alejar al hombre de la verdad de Dios quedó manifiesta en el Edén, cuando Eva fue engañada, llevándola a pecar contra Dios (Gn. 3:1-6; 2 Co. 11:3). Siendo el príncipe de las tinieblas se disfrazó como “ángel (mensajero) de luz” para engañar al hombre y apartarlo de Dios.

Destruyendo con poder falsos argumentos

Todo creyente prudente debe alimentarse diariamente de la Palabra de Dios para discernir entre la verdad y la mentira. Puede llegar a estudiarlo todo, pero debe aprender a “retened lo bueno” (1 T. 5:21), solo la verdad pura, llevando cautivo esos pensamientos errados a que se sometan a Dios. El Señor nos ha dado las “armas”, es ahora nuestra responsabilidad utilizarlas para solo retener la verdad.

No se desvíe

Dependemos de la obra del Espíritu Santo para aprender y ser sensibles a la verdad, pero es nuestra responsabilidad estar atentos a la aparición de aquellos que nos quieren enseñar falsamente. Sea sabio apartándose de la falsa enseñanza y busque con diligencia la sana doctrina.