Considere la opción de vivir soltero

La persona casada requiere tiempo para su pareja y familia, designa parte de lo que tiene para atender las necesidades de la familia, y por tanto su posibilidad de servir en cuanto a ello se reduce. El soltero en cambio, puede servir a Dios con mayor libertad.

El matrimonio y las relaciones sexuales

El acto sexual es un regalo dado por Dios al matrimonio, y como tal, se debe honrar ese don con respeto, amor y entrega del uno al otro.

La esclavitud del pecado sexual

El poder que tiene el pecado sexual se basa en que afecta todo nuestro ser. El cuerpo halla una satisfacción temporal pecaminosa muy fuerte (He. 11:25), ya que el sexo fue una actividad dada por Dios para que lo aproveche el hombre dentro del matrimonio. Pero cuando el sexo se da fuera de la relación matrimonial es pecado, pero las reacciones químicas que se generan en el momento del acto sexual son muy intensas, y por tanto pueden esclavizar a la persona.

¿Cuán saludable es compartir con aquellos en pecado?

El peligro de ese comportamiento liviano de la iglesia es que se pueda dar la impresión de que se aprueba esa conducta, por tanto, se permita que sigan en pecado. La separación del pecado y del pecador puede promover su arrepentimiento, pero si sigue rebelde, deja asentada ante el resto de la congregación y del mundo que ese pecado no es grato ante Dios. Siempre se debe buscar la restauración del hermano, pero si persiste, se lo debe excomulgar.

¡Cuidado con el orgullo!

Hoy en día, algunos hermanos de algunas iglesias podrían menospreciar a los otros creyentes por tener ciertas características que otros no tienen: Tamaño de congregación, ciertos ministerios u posibilidades de recursos, algunos maestros y predicadores, etc. La vanidad dentro de los creyentes aún se puede ver en nuestros días, y entre mayores esas diferencias, mayores las posibilidades de envanecerse.

Actuando con responsabilidad (Parte “II”)

Para lograr una vida santa debemos tomar decisiones radicales. El coquetear con aquellas puertas al pecado debilita nuestro caminar con el Señor, ya que nuestra “carne es débil” (Mt. 26:41). Antes, deberíamos huir de ello (1 Ti. 6:11; 2 Ti. 2:22).

Actuando con responsabilidad (Parte “I”)

Cuando Jesucristo se refiere a “uno de estos pequeñitos que creen en mí”, está hablando de nuevos creyentes, personas que recién están conociendo de Él, y que pueden ser provocados a pecar por el mal comportamiento de creyentes maduros o que ya tienen tiempo de haber nacido de nuevo, y que por su mala conducta hacen que pequen esos “pequeñitos”.

Alabanza por la liberación divina – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XI)

Todos con seguridad nos hemos enfrentado momentos donde la esperanza no está, dónde la oscuridad de la angustia cubre nuestra vida y la luz de la confianza desaparece. Ahí, en ese instante oscuro, el dolor y/o la aflicción nos consume, y aparentemente la salvación no vendrá a tiempo. Sí, todos podemos recordar al menos una ocasión donde ya creímos haberlo perdido todo, aún hasta nuestra vida, aunque sea por un instante; y yo, más de una.