El urgente proceso del perdón

Muchos piensan que el perdón es un sentimiento que debe nacer en la persona ofendida, cuando no es así. En la ofensa los sentimientos que nacen con el hecho son el dolor, el odio, el rencor, la venganza, etc. Así que un deseo bueno nunca vendrá después de la ofensa. Es por ello por lo que la Biblia nos enseña que el perdón es un acto que debe venir de la voluntad propia de la persona ofendida de no tomar acciones negativas y restituir la relación a pesar de la ofensa. Pablo nos menciona en estos versículos que es un deber de obediencia.

¿Estamos realmente firmes?

Como creyentes, debemos ser prudentes y humildes. La prudencia nos ayudará a actuar apropiadamente, mientras que la humildad no recordará de que todos podemos caer. En cambio, la necedad nos hará actuar sin cordura, y el orgullo nos cegará haciéndonos creer que somos invencibles ante las tentaciones.

Aprendiendo de experiencia ajena

Al igual que Israel, todos los creyentes hemos sido liberados del pecado por la misericordiosa bondad del Señor. Por Su gracia hemos recibido lo que no merecíamos, y tenemos la seguridad de que estaremos en Su presencia el día que partamos de este mundo. Pero mientras ese día llegue, ¿por qué no vivir consagrados a Él?

Participando apropiadamente

Todos debemos ser buenos atletas para el Señor que corremos “en el estadio” de esta vida frente a un público que mira detenidamente nuestro desempeño apropiado, y de esta forma poder llevar el evangelio a toda persona sin que el pecado nos descalifique.

¿Cuán saludable es compartir con aquellos en pecado?

El peligro de ese comportamiento liviano de la iglesia es que se pueda dar la impresión de que se aprueba esa conducta, por tanto, se permita que sigan en pecado. La separación del pecado y del pecador puede promover su arrepentimiento, pero si sigue rebelde, deja asentada ante el resto de la congregación y del mundo que ese pecado no es grato ante Dios. Siempre se debe buscar la restauración del hermano, pero si persiste, se lo debe excomulgar.

¿Realmente será salvo?

La doctrina de la seguridad de la salvación siempre ha traído gran polémica dentro de la Iglesia. Pero si miramos al consejo completo de toda la Biblia podemos mirar que la redención nunca la obtiene el hombre, antes es un regalo de Dios dado por gracia, y si el hombre no la obtiene, entonces no tiene poder para perderla, pues la justificación no es dada por el cumplimiento de los mandatos de Dios, sino por la fe en Jesucristo (Ro. 3:20-28; Gá. 2:16-21).

Viviendo en una sociedad “sensual”

Debemos como iglesia tratar los temas con firmeza y amor. Pablo nos recuerda que, si hay pecado inmoral dentro de la iglesia se debe tratar pronto y no permitir que esta inmoralidad entre como “levadura” en el Cuerpo de Cristo, antes se debe eliminar si es necesario estos problemas que dañan mucho la concepción de la santidad. Y Pablo nos hablará de ello en los siguientes versículos.

¿Es necesario la exhortación y la disciplina?

La exhortación y la disciplina son dos herramientas que son o mal utilizadas, o no utilizadas en muchas de las iglesias. Muchos no imparten esta sana corrección por tener temor a causar daño en la iglesia; pero otros son tan drásticos, que, por ejercer estos dos medios corrección, causan mucho daño al no hacerlo apropiadamente.