¿Cómo conseguir provecho de la disciplina?

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Proverbios 3:11-12

“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová,
Ni te fatigues de su corrección;

Porque Jehová al que ama castiga,
Como el padre al hijo a quien quiere.”

El autor de este artículo ha pasado por el proceso de la disciplina o “el castigo de Jehová” un par de veces, y aunque el proceso ha sido doloroso, el resultado de ello ha sido hermoso, por lo que considera firmemente que ese ejercicio disciplinario ha resultado en una gran bendición. ¿Pero, cómo puede ser considerado de esta manera?

La palabra “castigo” es definida también como instrucción, advertencia, consejo, corrección, doctrina, disciplina, entre otras. Entonces vemos que la instrucción o la disciplina que imparte “el castigo” tiene el propósito de impartir conocimiento o dar corrección (Pr. 24:32). Y como lo dice W. E. Vine en su diccionario, «se trata de una disciplina para toda la vida; de ahí la importancia de prestar atención» a esta palabra.

Es interesante como la palabra «mûsar» o “castigo” es usada por primera vez en el A.T. para relacionarse como parte de los atributos de Dios, donde se recuerda a Israel lo que el Señor había hecho desde el día que salieron de Egipto hasta el momento que estaban por iniciar el proceso de la conquista de Canaán, y su paso por el desierto (Dt. 11:2).

Podemos ver entonces que “el [mûsar] de Jehová” tiene el propósito de enseñar o impartir instrucción o disciplina. Una persona sabia comprende que la instrucción tiene el propósito de edificar vidas, no de destruirlas, y por eso aprecia esa instrucción.


Generalmente la corrección viene acompañada de dolor o pérdida de algún sentido, lo que puede generar desánimo o sufrimiento, cuando la pérdida es irreparable o el dolor como consecuencia del pecado es prolongado. Debemos recordar que esta instrucción a la larga beneficia a la persona porque le motiva a vivir en santidad y a apartarse del mal (He. 12:10-11).

Algo importante de esta exhortación es el recordatorio que “Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (v. 12). Para aquellos que pasan por la instrucción disciplinaria el sentimiento de sentirse rechazado o despreciado por parte de la persona que está impartiendo el castigo es frecuente. Se piensa que esa persona ya no lo quiere a uno o que le trata con odio o ira nada más, por eso utiliza la figura del padre que ama al hijo para recordarnos que “Jehová al que ama castiga”, para que no nos olvidemos que el Señor no nos ha dejado de amar, antes, esta acción es una manifestación de Su amor para ayudarnos a alejarnos del pecado y para que no nos hagamos más daño viviendo en ello (Comp. Ro. 12:9; He. 12:7-11).

«Todo aquello que Dios permite en nuestras vidas tiene un propósito. No debemos menospreciarlo o fatigarnos de ello, ni tampoco hemos de retroceder ni rendirnos bajo ello. Más bien debemos ser conscientes de que los propósitos de Dios se obtienen mediante la disciplina, y de este modo sacar el máximo provecho de ella» MacDonald, W. (2004)


«Apreciar bíblicamente el castigo o la disciplina de Dios en nuestras vidas y aceptar con agrado este proceso de santificación es un acto de sabiduría»

Ministerio UMCD

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Publicado por Ministerio UMCD | Un Momento Con Dios

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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