¿Ante quién y/o por qué me alabo?

La vanidad es un enemigo silencioso, que llega a afectar terriblemente la correcta perspectiva de las personas. Este pensamiento, que nace del pecado del orgullo, lleva a las personas afectadas a considerar todo de una manera insustancial, fundando valores en una simple ostentación sin fundamento. Puede cegar el entendimiento y llevarle a vivir un estatus irreal basado en apariencias y obstaculizando la debida apreciación de cada persona o cosa.

El Siervo obediente que se humilló

Cristo Jesús, siendo Dios, no se limitó a su deidad ni se aferró a ella (v. 6), sino que decidió hacerse “siervo”, uno que sometía su voluntad para hacer la voluntad de otro para obedecer (v. 7). Jesús venía a la tierra al hacerse Hombre para someterse a la voluntad del Padre y así llegar a la muerte sacrificial en la “cruz” (v. 8).

¿Estamos realmente firmes?

Como creyentes, debemos ser prudentes y humildes. La prudencia nos ayudará a actuar apropiadamente, mientras que la humildad no recordará de que todos podemos caer. En cambio, la necedad nos hará actuar sin cordura, y el orgullo nos cegará haciéndonos creer que somos invencibles ante las tentaciones.

Envanecimiento, el peligro del conocimiento

El principio del amor nos enseña que cada persona debe actuar en consideración al hermano, no mirando su propio bienestar, sino el de los demás (Ro. 14:15). Además, un conocimiento sincero y puro de Dios debe transformarnos a actuar con humildad, mirando con sencillez la debilidad de los demás y considerándolos como más valioso que uno (Fil. 2:3-5).

¡Cuidado con el orgullo!

Hoy en día, algunos hermanos de algunas iglesias podrían menospreciar a los otros creyentes por tener ciertas características que otros no tienen: Tamaño de congregación, ciertos ministerios u posibilidades de recursos, algunos maestros y predicadores, etc. La vanidad dentro de los creyentes aún se puede ver en nuestros días, y entre mayores esas diferencias, mayores las posibilidades de envanecerse.

Nuestra gloria está en Él

Nuestra posición “en Cristo” debe ayudarnos a valorizarnos tal cual Dios nos valora. Y si bien, nuestra posición no fue lograda por nosotros, si nos pone en un lugar de gran bendición, y en esto podemos gloriarnos santamente, con humildad; y por tanto vivir eternamente agradecidos.

El engrandecimiento por el servicio

La grandeza del servicio está en la capacidad que tiene el que brinda una obra de amor en favor de aquel que lo necesita. Es grande porque, quien sirve tiene capacidad de hacer algo que el otro necesita, y que muchas veces no tiene cómo cubrir esa necesidad. Por ejemplo, si hay alguien con hambre porque no tiene recursos para adquirir alimento, al poder proveerle de alimento la persona que sirve le está brindando algo que si tiene, dando al necesitado; en esa capacidad de servir y ayudar está la verdadera grandeza.

La verdadera valía del servicio

Los discípulos estaban discutiendo las posibilidades que ellos tenían de alcanzar puestos importantes cuando el Señor Jesús venga en Su reino. Esto fue algo que afectó varias veces a Sus seguidores. Jesús les recuerda que ese pensamiento no es apropiado. Él vino a servir, y con ese ejemplo debemos vivir enfocados.