¿Ante quién y/o por qué me alabo?

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2 Corintios 10:12-18

“Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos. Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros. Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo. No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla; y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en la obra de otro para gloriarnos en lo que ya estaba preparado. Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.”

  1. Pablo utiliza 2 palabras dignas de resaltar en estos versículos: alabar y gloriarse. La primera, «alabar», da la idea no se exaltar a alguien por algo, sino el de compararse ante otra persona y recomendarse por comparación. La segunda, «gloriarse», quiere decir alguien quien se jacta o alardea de algo logrado.
  2. Considerando la palabra «alabar» (sunistemiσυνίστημι), Pablo hace la advertencia a aquellos que sin razón y motivo se “alaban” o se comparan “a sí mismos”, como que ellos son su propio estándar de juicio y ellos mismos son sus propios jueces. Una persona vanagloriosa siempre hará alarde de lo que es considerándose por lo que son, bajo sus propios ojos de juicio. Los enemigos de Pablo, esos falsos apóstoles y maestros que estaban en medio de la iglesia en Corinto, se “alaban a sí mismos”, considerándose como ministros incomparables, y que, ante los demás siervos, y más ante Pablo, ellos eran dignos de gran reconocimiento. Pablo reprueba esa actitud vana y soberbia de alardear (v. 12, 18).
  3. En cambio, la palabra «gloriarse» (kaucaomaiκαυχάομαι), Pablo la usa para indicar que hay algunos que sin merito propio, sin logro personal, sino que usurpando o tomando prestado logros de otros, se jactaban de ellos conseguir algo por sí mismos. Estos falsos apóstoles no habían llegado primero a Corinto, ni menos habían estado predicando en lugares donde no se había escuchado el mensaje antes, sino, que, aprovechando la ausencia de Pablo, y trabajando sobre lo que Pablo ya había establecido, ellos se gloriaban de la obra entre los corintios, sin ellos tener «derecho de autor» (v. 13-16).
  4. Pablo nos recuerda que, en lo único que uno puede sinceramente gloriarse no es en lo que uno logra para el Señor, sino en la bendición de estar “en el Señor”, o sea de ser salvo, y salvo por Su obra (v. 17). Y también nos anima a tener presente que la única alabanza aprobada es aquella que el mismo Dios hace en favor de quien Él cree que es digno de recibir (v. 18)

La vanidad es un enemigo silencioso, que llega a afectar terriblemente la correcta perspectiva de las personas. Este pensamiento, que nace del pecado del orgullo, lleva a las personas afectadas a considerar todo de una manera insustancial, fundando valores en una simple ostentación sin fundamento. Puede cegar el entendimiento y llevarle a vivir un estatus irreal basado en apariencias y obstaculizando la debida apreciación de cada persona o cosa.

En la vida cristiana, y muchas veces en el ministerio, este pecado se convierte en un enemigo silencioso que puede envanecer el entendimiento y el correcto accionar de los creyentes. Nos puede llevar a alejarnos de todo lo piadoso o santo, y hacernos ver cosas vacías como dignas de valor. La humildad, en cambio, es el opuesto a todos estos enemigos que nos hacen olvidar la realidad.

Todos nosotros debemos recordar que lo que somos o hacemos no es por quienes somos, sino por lo que Dios hace o nos permite hacer. Si bien Dios nos ha permitido desarrollar talentos, poseer dones, y hacer algo para Su obra, es Él quien lo hace todo por medio de nosotros, y lo que somos no es más que ser instrumentos suyos.

Además, considerando la salvación, si no fuera porque Él obró por completo para salvarnos, nosotros todavía estaríamos perdidos y camino a la condenación.

Lo único por lo que podríamos gloriarnos o alardear es por el hecho de ser salvos y de ser usados por Él, y eso, no porque lo hemos logrado, sino porque en Su misericordia y gracia, Él obra en todo en nuestro favor. A Él la gloria, y gloria a Dios por que en Su amor nos permite estar “en el Señor”.


«La vanidad ciega el entendimiento del creyente, la humildad nos mantiene estables en mente de quienes somos y lo que hacemos para el Señor»

Ministerio UMCD

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Publicado por Ministerio UMCD | Un Momento Con Dios

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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