No consientas tener parte en la codicia

El hacedor de maldad va en pos de su pecado, y aunque en su momento crea que puede conseguir lo que busca, no se da cuenta que está poniendo “lazo” para sí mismo (v. 18). Tarde o temprano esa persona va a pagar por la maldad hecha. Miremos solamente cuantas personas terminan en la cárcel a causa de un acto de delincuencia, y algunos han muerto en el intento o después porque alguien en un acto de ira los asesinó.

No descanse hasta conquistarlo todo

¿Qué área le falta conquistar? ¿Dónde se ha quedado en el crecimiento espiritual? ¿Cuándo va a retomar junto a Dios la conquista de todas esas áreas que aún le dan guerra en su caminar con Cristo? Dios quiere que tomemos posesión de todo, y Él nos ayudará, como lo hizo con Josué.

Una fe intrépida

¿Alguna vez tomó alguna acción que le llevó a actuar de una manera valiente e inesperada? ¿Cuál fue la motivación que le hizo actuar de esta manera y cuál fue el resultado de ello?

¿Hasta cuándo la falta de arrepentimiento?

La falta de arrepentimiento es un factor crucial en la falta de madurez. Un creyente inmaduro, por su falta de una apropiada relación con Dios, y por permitir que su carnalidad se manifieste constantemente, hace que él mismo no pueda discernir apropiadamente las cosas espirituales. No solo que no ve al pecado como debería hacerlo, sino que no puede discernir correctamente las enseñanzas ni a las personas que enseñan (1 Co. 3:2; Ef. 4:14; He. 5:11-14; 13:9).

La iglesia, causa de sufrimiento emocional

Para quienes realmente valoran la iglesia, el sufrimiento puede ser muy intenso cuando un hermano o toda la congregación enfrenta una dificultad. El amor por ellos es muy profundo, y cuando los problemas llegan en medio de la congregación, el dolor se siente propio, aunque el problema no sea de uno.

El peligro de los falsos ministros

La astucia de Satanás para introducir sus engaños y alejar al hombre de la verdad de Dios quedó manifiesta en el Edén, cuando Eva fue engañada, llevándola a pecar contra Dios (Gn. 3:1-6; 2 Co. 11:3). Siendo el príncipe de las tinieblas se disfrazó como “ángel (mensajero) de luz” para engañar al hombre y apartarlo de Dios.

¿Ante quién y/o por qué me alabo?

La vanidad es un enemigo silencioso, que llega a afectar terriblemente la correcta perspectiva de las personas. Este pensamiento, que nace del pecado del orgullo, lleva a las personas afectadas a considerar todo de una manera insustancial, fundando valores en una simple ostentación sin fundamento. Puede cegar el entendimiento y llevarle a vivir un estatus irreal basado en apariencias y obstaculizando la debida apreciación de cada persona o cosa.

Dar es más que sólo suplir necesidades

No podemos pasar por alto algo tan valioso. Sea que usted sea un dador alegre, o usted sea un receptor de un “don” de Dios, tenemos que agradecer a Dios por permitirnos ser partícipes y testigos en uno de los dos lados de esta balanza. Alabemos al Señor que provee para que esto se pueda dar, y glorifiquemos Su Nombre por algo tan santo y maravilloso.