¡Cuidado soberbio, viene tu caída!

El sabio llega a conocer la vida desde la perspectiva divina, y solamente a aquellos humildes de corazón les es dada la sabiduría. Pero esa misma persona puede volverse altiva después de adquirir conocimiento, cuando deja que ese conocimiento llene su mente de vanidad y jactancia por haber alcanzado esa sabiduría.

¿En qué nos parecemos a los Apóstoles?

Normalmente pensamos que Dios obra indiscriminadamente, pero eso no es así, porque todo lo que Dios hace siempre responde a su plan redentor en el mundo, y el llamamiento de los doce ilustra esta verdad…

Teniendo una fe como de “niño”

En cuanto a nosotros, los jóvenes y adultos, para poder entrar en el reino debemos tener esa fe de un niño (Mr. 10:15). Debe ser confiada, que genera dependencia de Aquel a quien confiamos; debe ser sencilla, porque no llega con tantos cuestionamientos ni prejuicios para poder aceptar la salvación abiertamente; y debe ser humilde, porque reconoce que no hay nada en uno mismo que le permita obtener esa salvación por méritos propios.

¡Él tiene misericordia!

¡Cualquier obra de Dios en favor nuestro es una obra de Su misericordia!