2017

¡Él tiene misericordia!

Marcos 10.47 Anexo

Marcos 10:46-52

“Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.”

 

Ciego, sin esperanza, abandonado y reprendido, así se encontraba Bartimeo cuando escuchó que Jesucristo caminaba por las calles de Jericó. No lo conocía, pero sabía que era Él su única esperanza de recobrar su vista (v. 51). Pero para quienes caminaban por esas calles, quienes lo habían visto por mucho tiempo mendigando, Bartimeo no era más que otro ciego que vivía de la caridad de la gente.

Sus gritos debieron ser de desesperación, sus palabras pudieron haber sonado tridentes y angustiosas; para quienes le escuchaban llamando al Hijo de David, estos gritos eran fastidiosos (v. 48), no por ende, cuando Jesucristo se detiene para atender su petición, los que estaban ahí le dicen que tenga confianza (v. 49), seguramente su temor al rechazo y a la crítica lo paralizó por un momento; pero se levanta, deja su túnica, y posiblemente con alguna ayuda llega ante el Señor; “Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.”

No pedía dinero, solamente pedía salud del cuerpo. Bartimeo clamaba con confianza ante la posibilidad de hallar misericordia en el Señor. Sus limitaciones y la oposición no lo detuvieron y su fe lo impulsó a clamar. Cuando se le acerca al Señor, con confianza y claridad pide lo que tanto anhelaba y con pocas palabras expresa su necesidad sin titubeos ni grandes explicaciones, pues confiaba que Jesús lo comprendía todo (“Maestro, que recobre la vista.”).

Bartimeo nos da un bello ejemplo de fe en Dios, pues sabía que solamente Él podría otorgarle la visión. También nos enseña que nuestra condición humilde nos otorga acceso ante Su presencia pues clamaba por misericordia y no demandaba ni exigía nada del Señor. Además, nos enseña que podemos pedir a Dios con sencillez de palabras y sin mucha elocuencia, pues Él lo sabe todo y no tenemos que explicar con detalles.

Marcos 10.47 Color

La mayor necesidad del hombre, y de la cual muchos tienen temor pedir, es el perdón de pecados. Nuestro pecado nos aparta de Él y nos condena, pero nuestro misericordioso Dios siempre estará pronto para escuchar, perdonar, restaurar y salvar. Cualquiera que fuere nuestra necesidad, sin temor, pero con fe, humildad y claridad, clamemos confiados al Señor.

¡Cualquier obra de Dios en favor nuestro es una obra de Su misericordia!

 

«Gracias Dios por Tu misericordia»

 

Efesios 2:4, 5

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).”

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