2017

¿Desperdicio? no, ¡buena obra!

Mateo 26.10 Anexo

Mateo 26:6-13

“Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.”

 

Un granjero se acercó a una gallina y a un cerdo e hizo una pregunta de conciencia: “¿Quieren contribuir para un desayuno con jamón y huevos?”“¡Encantado!” – exclamó el Cerdo, hasta darse cuenta de que para hacerlo a la Gallina le bastaba con poner un par de huevos, mientras él tenía que ir al matadero. Para uno (Gallina), era solamente una contribución. Para el otro (Cerdo) significaba un sacrificio total. En cualquier relación, proyecto o decisión, hay quienes “participan” apenas involucrándose y quienes se “comprometen”.

En la vida cristiana estos principios marcan una diferencia en lo que se hace para el Señor. Unos quieren participar con cierta parte de sus vidas mientras que otros, y muy pocos a veces, se comprometen con todo lo que son.

Para María, la hermana de Lázaro, lo que estaba haciendo representaba un compromiso pleno con su Señor al derramar el perfume sobre su cabeza, era una demostración de adoración; mientras que, para Judas Iscariote, lo que ella hacía era un desperdicio, mejor hubiera sido una ‘participación más apropiada’, una que le trajera dividendos para él también (Jn 12:1-6).

El egoísmo y la falta de compromiso son enfermedades espirituales que afectan la vida espiritual de muchos cristianos. Como la gallina, quisieran dar cierta parte de sí mismos, pero no todo. No lo consideran necesario o lo miran como un desperdicio.

Años atrás, una mujer que había estudiado secretariado bilingüe en una institución de alto nivel, había decidido trabajar como secretaria de una iglesia con una remuneración no alta para su preparación. Para quienes la conocían, esta decisión había sido un desperdicio de estudio y preparación, pero para ella, esto representaba aportar para el reino de su Señor. Años después ella se casó con un joven quien llegaría a ser el pastor de dicha iglesia.

Mateo 26.10 Color

Muchas veces evaluamos nuestra entrega a Dios con ojos terrenales y nuestro egocentrismo limita lo que se puede dar o hacer por el Señor y Su obra. María no escatimó en derramar el perfume sobre el Señor, sin saber que este acto se convertiría en un preparativo para la muerte y sepultura de Jesús. ¿Qué podría dar usted hoy que pareciera un derroche? Eso puede llegar a ser una gran obra para hoy o mañana en manos de Dios.

 

«Padre, todo sacrificio hacia Ti siempre será digno y bueno»

 

Romanos 12:1

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

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