¿De qué me sirve conocer a Dios?

¿Quien soy yo? es una de las dos preguntas que podemos responder cuando conocemos quién es Dios. Cuando le conocemos a Él, nos conocemos a nosotros mismos, nos vemos como Dios nos ve y comprendemos cuál es nuestra identidad.

¿Por qué debo conocer a Dios?

Algunos autores cristianos coinciden en que la pregunta más importante que todos como seres humanos debemos responder es: “¿Quién es Dios?” Porque de la respuesta a esa pregunta se define la dirección y los matices que la vida de cada hombre exhibirá, por eso, debemos interesarnos por saber “Quién es Él”, y una historia que ilustra muy bien ese proceso de conocerlo es la de Moisés, en el llamado que Dios le hizo podremos considerar algunas cosas para responder la pregunta: ¿Por qué debería conocer a Dios?

Libertad sabia

En Cristo tenemos libertad para hacer algunas cosas que no afectan nuestra relación con Dios, pero si alguien mira esa libertad como inapropiada, debemos, por amor a esa persona evitarlo. La Biblia nos recuerda que no debemos “poner tropiezo u ocasión de caer al hermano”, antes bien, que “sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”. (Ro. 14:13, 19)

Envanecimiento, el peligro del conocimiento

El principio del amor nos enseña que cada persona debe actuar en consideración al hermano, no mirando su propio bienestar, sino el de los demás (Ro. 14:15). Además, un conocimiento sincero y puro de Dios debe transformarnos a actuar con humildad, mirando con sencillez la debilidad de los demás y considerándolos como más valioso que uno (Fil. 2:3-5).

Inmaduros espirituales

¿Cómo va en su crecimiento espiritual? ¿Cuánto tiempo lleva de creyente y cuánto cree usted que ha llegado a crecer en todo ese tiempo? ¿La gente que está a su alrededor puede observar madurez espiritual en usted?

Nuestro entendimiento espiritual (II)

¿Cree usted que Dios puede hablarle? ¿Si es así, que tiempo pasa diariamente escuchándolo? ¿Y si lo escucha, está obedeciéndolo?

Nuestro entendimiento espiritual (I)

Si pensamos en la verdad del versículo 9 de este pasaje, tenemos que vivir completamente agradecidos por ese inmenso amor de Dios, pues había sido oculto para los profetas, pero para nosotros, ahora la verdad del conocimiento del Señor Jesús nos ha sido otorgada, y con ello, podemos adorar al Señor de Gloria en pleno entendimiento de Su Deidad.

Aprendizaje continuo

Después de la salvación, la posesión más grande que una persona puede llegar a tener no tiene cifras, tampoco tamaño o modelo, menos color o forma; la posesión más grande que una persona puede tener se llama “sabiduría” e “inteligencia” (Pr 4:7). El sabio, como dice bien Vine, procura la sabiduría; y es la sabiduría la que le da gran valor intangible a una persona.