Cuando la batalla arrecia

En nuestra reconstrucción espiritual, entre más avanzamos, más difícil se pone. Nuestras debilidades más nos agobian, los pecados más nos asedian, y la oposición del mundo estarán golpeando más fuerte. Es ahí donde más necesitaremos del Señor para lograrlo.

¿Y qué de nosotros?

Jesús le dijo al joven que para seguirle debe dejarlo todo, por eso él no quiso ni siquiera llegar a ser un creyente. Pedro, quien ya creía en Jesús, reconoció que ya estaba dejando mucho atrás, a lo que Cristo le recuerda que ese sacrificio de obediencia es muy valioso ante los ojos de Dios.

¿En qué confiamos para ser salvos? (Parte II)

Jesús nos da la respuesta a todo problema espiritual, a toda condición moral, económica o social: El hombre no puede salvarse a sí mismo, ni nunca lo hará; pero lo que para el hombre es imposible, para Dios no, porque para Él “todas las cosas son posibles …” (Mr 10:27)

¿En qué confiamos para ser salvos? (Parte I)

Hoy día hay muchos que confían en su propia capacidad para llegar al cielo: confían en sus buenas obras, confían en su propia capacidad moral, otros en su religión y actos religiosos. Lo único que puede salvar al hombre es reconocer que no puede hacer nada por sí mismo, y que lo que necesita es mirar a Cristo, pues Él vino a salvar lo que se había perdido.

Teniendo una fe como de “niño”

En cuanto a nosotros, los jóvenes y adultos, para poder entrar en el reino debemos tener esa fe de un niño (Mr. 10:15). Debe ser confiada, que genera dependencia de Aquel a quien confiamos; debe ser sencilla, porque no llega con tantos cuestionamientos ni prejuicios para poder aceptar la salvación abiertamente; y debe ser humilde, porque reconoce que no hay nada en uno mismo que le permita obtener esa salvación por méritos propios.

Una pequeña “degustación” del reino

Para nosotros los creyentes, también estamos a la espera de la manifestación del poder del reino. Dependiendo con el tiempo de la Segunda Venida de Cristo, algunos podremos estar vivos antes del rapto, o algunos estaremos muertos; no lo sabemos hasta que eso suceda. Pero como sea que nuestro cuerpo físico se halle, lo seguro es que todo creyente verá la gloria de Dios y el poder del Rey en Su reino, y en esa esperanza, podemos todos regocijarnos.

Un toque de Su poder

Todos podemos venir con confianza ante Dios para pedir que nos brinde esa sanidad física que tanto deseamos, pero, sobre todo, todos podemos venir confiados también a pedir que nos sane espiritualmente de todo mal que nos afecte, no importa cuán grave este mal sea.

Fe, es creer y es confiar

Debemos aprender a creer que Dios tiene el poder, pero también debemos aprender a confiar en su buena y santa voluntad para obrar en nuestro favor si Él cree necesario. Su obra en nuestro favor no solo es manifestación de Su poder, sino también en la manifestación de Su sabiduría y misericordia.