Un toque de Su poder

Todos podemos venir con confianza ante Dios para pedir que nos brinde esa sanidad física que tanto deseamos, pero, sobre todo, todos podemos venir confiados también a pedir que nos sane espiritualmente de todo mal que nos afecte, no importa cuán grave este mal sea.

Habrá mucho tiempo

Todos los creyentes en Cristo tenemos esa esperanza eterna, de compartir en el cielo con nuestros seres amados, con aquellos que “durmieron en él” (v. 14).

¿Y cómo responde usted?

En Jerusalén, hubo personas con diferentes reacciones ante el Cristo de la Cruz; no permita que estos días pasen sin valor en su vida. Dios desea que usted mire su pecado y su condenación, pero cambie ese estado por el perdón y la salvación. ¡Ponga su FE en JESÚS!

Nuestra necesidad de salvación

Jesucristo vino a SERVIR esa inmensa necesidad del hombre (Mr 10:45). Él vino a buscar lo que se había perdido (Lc 19:10); vino a pagar con Su sangre lo que el hombre había hecho con su pecado (1 Co 6:19, 20); vino a ofrecernos perdón (Mt 26:28); vino a regalarnos vida eterna (Jn 10:28).

Vino trayendo Su paz

Solo nuestra fe en la obra y sacrificio de Jesús por nuestro pecado nos brinda esa paz. Judicialmente, al morir el Señor por nosotros, paga por nuestra maldad, y al aceptar ese hecho con fe, Dios nos justifica perdonándonos de nuestros pecados, nos declara justos, y eso trae la paz más grande que el hombre puede anhelar: La paz con Dios (Ro 5:1).

La sangre y el hisopo

Jesucristo nos hace una invitación a ‘beber’ de su copa, es decir, a poner nuestra fe en la sangre que Él derramó por nuestros pecados. El ‘beber’ de su sangre es una expresión de identificación personal con su muerte y su sangre por nosotros, ya que Dios entregaba a Su “Cordero” como sustituto por nuestro pecado (Jn 1:29).

Panes sin levadura

Jesucristo fue lacerado, sus pies y manos clavadas, y luego fue crucificado. Su vida sin pecado representa el ‘Pan sin Levadura’. Si Jesús hubiera pecado no habría podido pagar por nuestros pecados. En Él, al no haber contaminación, pudo pagar por nuestros pecados, “el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P 3:18).