Confianza que fortalece

Como Pablo, podemos mirar que el poder del evangelio no se detiene, y nosotros tenemos el privilegio de sufrir todo ello en nuestra fragilidad por la causa de Cristo. Dios, por medio del poder con el que Él actúa en nosotros, nos fortalece y capacita para seguir cumpliendo la tarea de llevar el evangelio a todos. Tenemos el privilegio de hablar del amor de Dios a pesar de tanto odio, de hablar de perdón en Cristo a pesar de tanta rebeldía, de hablar de vida eterna a pesar de que nos exponemos a la muerte.

No es para que lo lleve solo

La invitación de Cristo es para que traigamos nuestra tarea de enfrentar al pecado y nos pongamos a manera de “yugo” con Él para que podamos trabajar juntos.

Carta escrita por Dios

El Señor ha hecho uso sabio y poderoso de siervos que, con fidelidad, le han servido. Demos gloria y gracias a Dios por aquellos siervos fieles.

Salvos por la “locura”

Pero esta “locura” tiene el mensaje de justicia que otorga el Justo Dios. Es producto de Su inmenso amor. Vino con la sencillez de un humilde Siervo que se entregó en obediencia. Tiene el propósito de otorgar perdón y vida eterna. Y, sobre todo, no requiere más que la simple confianza de aquel que lo quiere recibir.

La huella de la obra de Dios

El Señor nos ayudará a conseguir restablecer todo en nuestras vidas si confiamos en Él y lo buscamos. Cuando Él obre ayudándonos, Él será glorificado, nosotros estaremos agradecidos, y nuestros enemigos serán humillados y derrotados. ¡Del Señor será la victoria!

Lo que debemos esperar (IV)

La esperanza de la Iglesia de no ver estos días alienta nuestros corazones. Pero nos recuerda que aquellos que aún no tienen esperanza de vida eterna sufrirán mucho en esos días, y si no se arrepienten al final, ese tormento será eterno.

¡También hay que perdonar!

Podemos concluir que la oración no solo debe estar formada con un corazón creyente, sino, con uno santo también. Como diría un comentarista: «El acto de perdonar es una decisión que viene como el deseo de cumplir la voluntad de Dios»