La huella de la obra de Dios

El Señor nos ayudará a conseguir restablecer todo en nuestras vidas si confiamos en Él y lo buscamos. Cuando Él obre ayudándonos, Él será glorificado, nosotros estaremos agradecidos, y nuestros enemigos serán humillados y derrotados. ¡Del Señor será la victoria!

Lo que debemos esperar (IV)

La esperanza de la Iglesia de no ver estos días alienta nuestros corazones. Pero nos recuerda que aquellos que aún no tienen esperanza de vida eterna sufrirán mucho en esos días, y si no se arrepienten al final, ese tormento será eterno.

¡También hay que perdonar!

Podemos concluir que la oración no solo debe estar formada con un corazón creyente, sino, con uno santo también. Como diría un comentarista: «El acto de perdonar es una decisión que viene como el deseo de cumplir la voluntad de Dios»

¿Y qué de nosotros?

Jesús le dijo al joven que para seguirle debe dejarlo todo, por eso él no quiso ni siquiera llegar a ser un creyente. Pedro, quien ya creía en Jesús, reconoció que ya estaba dejando mucho atrás, a lo que Cristo le recuerda que ese sacrificio de obediencia es muy valioso ante los ojos de Dios.

¿En qué confiamos para ser salvos? (Parte II)

Jesús nos da la respuesta a todo problema espiritual, a toda condición moral, económica o social: El hombre no puede salvarse a sí mismo, ni nunca lo hará; pero lo que para el hombre es imposible, para Dios no, porque para Él “todas las cosas son posibles …” (Mr 10:27)

La “sencillez” del Evangelio

Evangelio viene del griego “evangelion” que quiere decir buenas nuevas o buenas noticias. Las buenas nuevas son que Cristo murió por nosotros a causa de nuestro pecado, que fue sepultado por tres días, y que al tercer día resucitó para mostrar que el pecado y la muerte no lo derrotaron, sino que Él los derrotó, y eso nos trajo esperanza de vida eterna. Es sencillo: muerte, sepultura, y resurrección de Jesús.