Una fe colectiva

El que una persona siga a Dios comprometida es cuestión de una sola fe para que el Señor obre en esa persona, pero el que una nación o un grupo de personas sigan todos a Dios, eso si que requiere una fe colectiva que movilice a todo el grupo en pos del Señor, y eso no es común hallarlo.

Somete tu voluntad al “Príncipe”

Hubo una época en la que en toda la tierra se gobernaba bajo régimen monárquico. El rey no solo representaba la autoridad política, sino también podía tener bajo su mando el poder judicial, religioso, y sobre todo militar. Muchos de esos monarcas y sus hijos, los príncipes, se destacaban por su capacidad para pelear en la guerra y dirigir a su ejército con astucia para lograr la victoria. Para muchos soldados pelear al lado de su rey era un privilegio incomparable.

Incorruptible e inmortal es la victoria

La enseñanza de la resurrección nos alienta a mirar hacia lo eterno. ¿Podría imaginarse una vida finita, sin esperanza de una eternidad? Que terrible sería. Lo cierto es que sí hay resurrección y sí hay eternidad, y esto nos motiva a mirar hacia lo que está por venir.

El Rey entre los inicuos

1. Camino al Gólgota fue ayudado a llevar su pesada cruz porque ya había perdido fuerzas por todo lo que había sufrido. Desde el momento que oró para pedir la ayuda de Dios, el desvelo de un juicio muy largo e injusto, los maltratos y vejámenes aquí y allá, a más de los azotes; todo esto había debilitado a Jesús.

Oremos para celebrar

La Biblia no nos dice que fue lo que oró el Señor, pero es evidente que para Jesús tenía este ejercicio espiritual era muy importante. Podríamos conjeturar que dio gracias, o alabó al Padre, talvez pidió que lo sucedido deje fruto en la vida de todos los asistentes, o quizá, buscó dirección para saber que seguir haciendo, o todo ello junto; no lo sabemos, pero era claro que Jesús necesitaba orar.

Derrotados no, pero en combate (Armadura de Dios I)

Derrotados no, pero en combate (Armadura de Dios I)   Efesios 6:12, 13 “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáisSigue leyendo “Derrotados no, pero en combate (Armadura de Dios I)”