Cuando la batalla arrecia

En nuestra reconstrucción espiritual, entre más avanzamos, más difícil se pone. Nuestras debilidades más nos agobian, los pecados más nos asedian, y la oposición del mundo estarán golpeando más fuerte. Es ahí donde más necesitaremos del Señor para lograrlo.

Todo, con detalle y esfuerzo

Si queremos restaurar nuestra vida, vamos a necesitar la ayuda de otras personas, no podremos lograrlo solos. Y también se debe hacer un trabajo en todas las áreas, no en algunas nada más.

Enfrentando el desprecio

Cuando Dios está por hacer algo grande, siempre usa ejemplos significativos para mostrar Su gloria en medio del hombre. Él estaba por reconstruir Su amada Jerusalén, y esto sería notorio entre todos, pero en especial, en medio de los pueblos enemigos. Dios estaba por hacer algo grande.

La osadía de la fe

La verdadera fe trasforma a la persona; de ser un tímido oyente a un valiente seguidor, sin miedo a testificar. Pablo nos dice que Dios no nos ha dado “espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” y por lo tanto no deberíamos avergonzarnos de dar testimonio de Cristo. (2 Ti. 1:7, 8)

Abrumados por Su determinación

Jesús, como nos dice el pasaje en Hebreos, “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (He. 12:2). Él entendía que este sufrimiento tenía un propósito, por eso acepto gozosamente el sufrimiento. Su sacrificio nos brinda ahora la posibilidad de salvación.

Sentido de pertenencia

Cuando Pablo defiende su justificación por la fe, expresa que desea conocer más de su “Señor”; había llegado a desarrollar esa relación tan íntima que le otorgaba valor y seguridad. Jesucristo desea que todos tengamos esa misma relación, y nos invita a desarrollar una diaria relación personal de amor (Ap 3:20). Gocemos más de nuestra posición en Cristo, disfrutándolo en intimidad con nuestro “Señor”.

¿Por qué entonces tener miedo?

Si Dios le está llamando para realizar alguna tarea, solamente asegúrese que sea Él quien le está invitándolo a participar; y si es así, entonces camine con fe en pos de ese llamado celestial con confianza y valor. ¡Es de Él la obra!

Un mundo que aborrece

A pesar del odio del mundo, seamos valientes y amorosos testigos del amor del Señor.