¿El sueldo del pastor es una carga en la iglesia?

Muchas de las iglesias todavía no han aprendido a cuidar dignamente del pago de un sueldo merecido de un pastor o misionero. En otros casos, muchas de las personas que desean servir en las iglesias quieren explotar o aprovecharse de las congregaciones para obtener beneficio financiero en forma desmedida. En ambos casos no hay una perspectiva apropiada de lo que es «servir a Dios».

El Siervo obediente que se humilló

Cristo Jesús, siendo Dios, no se limitó a su deidad ni se aferró a ella (v. 6), sino que decidió hacerse “siervo”, uno que sometía su voluntad para hacer la voluntad de otro para obedecer (v. 7). Jesús venía a la tierra al hacerse Hombre para someterse a la voluntad del Padre y así llegar a la muerte sacrificial en la “cruz” (v. 8).

El Siervo que llevó mi pecado

Un autor le llamó el Siervo Traspasado, porque eso es exactamente lo que le pasó, Jesucristo fue traspasado en su costado después de que había muerto en la cruz (Jn. 19:31-35). Esto fue lo último cruento que hicieron con el cuerpo del fallecido Siervo. Pero ¿por qué tanto dolor y sufrimiento?

Las privaciones del ministerio

Agradezcamos al Señor por la vida de quienes sirven en Su reino como pastores y misioneros fieles. Sus vidas son de gran bendición para nuestras vidas, y son una muestra del poder de un Dios maravilloso que se gloría obrando en medio de vasos de barro que son instrumentos útiles para Su reino.

Nuestra necesidad de salvación

Jesucristo vino a SERVIR esa inmensa necesidad del hombre (Mr 10:45). Él vino a buscar lo que se había perdido (Lc 19:10); vino a pagar con Su sangre lo que el hombre había hecho con su pecado (1 Co 6:19, 20); vino a ofrecernos perdón (Mt 26:28); vino a regalarnos vida eterna (Jn 10:28).

“El mundo no era digno”

Nuestro aporte espiritual real tal vez no tenga valor para este “mundo” en el que vivimos, pero si debe tenerlo para Dios y Su iglesia. Que nuestra vida tenga significancia eterna, y si el mundo no nos considera dignos, pues recordemos, es el mundo el que no es digno de los hijos del reino. A Jesús lo aborrecieron, igualmente va a ser a los Suyos (Jn 15:18, 19).

Con “certificación” de Dios

Sea un pastor o misionero, su aprobación ha sido dada por Dios, por eso debemos reconocer tal llamado y tenerlos en mucha estima (1 Ts 5:12, 13), honrándolos como tales. Esta misma aprobación demanda del siervo su responsabilidad de presentarse ante Quien lo llamó aprobado, velando constantemente para seguir fiel a su llamamiento y a la “certificación” hacia él otorgada (2 Ti 2:15).

“Ore por su pastor”

Muchos de nosotros no conocemos plenamente todo lo que un siervo fiel sufre por servir a Dios, pero si debemos recordar que ellos batallan diariamente en contra de sus pecados, frustraciones y sufrimientos para cuidar y alimentar del rebaño del Señor.