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¿Moda “terrenal”?

La Biblia nos exhorta a revestirnos del “nuevo” hombre, “el cual conforme a la imagen del que lo creó” se debe ir renovando constantemente hasta que lleguemos a estar en la presencia de Dios (v. 10). Por otro lado, también nos manda a que debemos despojarnos de las costumbres pecaminosas del “viejo hombre” (v. 9).

Él quiere impartirnos su justicia

Jesús se presentó en el estrado de la corte celestial como culpable por nosotros, y en la cruz pagó por nuestro pecado con su vida derramando su sangre. Dios, en su voluntad, determinó que Jesús muera como “propiciación” por nosotros (Ro 3:25); es decir, la justicia y la santidad de Dios demandaba el pago de nuestras injusticias, y la sangre de Cristo calmó la ira santa de Dios.

Vino trayendo Su paz

Solo nuestra fe en la obra y sacrificio de Jesús por nuestro pecado nos brinda esa paz. Judicialmente, al morir el Señor por nosotros, paga por nuestra maldad, y al aceptar ese hecho con fe, Dios nos justifica perdonándonos de nuestros pecados, nos declara justos, y eso trae la paz más grande que el hombre puede anhelar: La paz con Dios (Ro 5:1).

La sangre y el hisopo

Jesucristo nos hace una invitación a ‘beber’ de su copa, es decir, a poner nuestra fe en la sangre que Él derramó por nuestros pecados. El ‘beber’ de su sangre es una expresión de identificación personal con su muerte y su sangre por nosotros, ya que Dios entregaba a Su “Cordero” como sustituto por nuestro pecado (Jn 1:29).

Sentido de pertenencia

Cuando Pablo defiende su justificación por la fe, expresa que desea conocer más de su “Señor”; había llegado a desarrollar esa relación tan íntima que le otorgaba valor y seguridad. Jesucristo desea que todos tengamos esa misma relación, y nos invita a desarrollar una diaria relación personal de amor (Ap 3:20). Gocemos más de nuestra posición en Cristo, disfrutándolo en intimidad con nuestro “Señor”.

No más pagos

La palabra “perfectos” no habla de impecabilidad nuestra o de una perfección terrenal de quienes aceptan la salvación por fe en Jesús, esa palabra habla de una posición de justicia imputada o suministrada por la obra de Jesús (Ro 3:22; Gá 2:16; Fil 3:8, 9). Cristo, al pagar por nuestros pecados ha pagado toda deuda, entonces, ya no hay más pago, pues la obra del Señor fue completa cuando Él fue sacrificado en la cruz y su sangre derramada por nuestros pecados (He 10:5-14).