Duras lecciones de vida

Muchas de estas lecciones de vida, aunque negativas y dolorosas, tienen el propósito de ayudarnos a crecer en prudencia y piedad; preparándonos para algo diferente, pero mejor.

Algunas características del mal

Lo único que puede restaurar nuestra maldad es una relación con Dios. Todo nace con reconocer nuestro pecado y arrepentirnos, llegar a ser salvos por fe para ser regenerados a una naturaleza espiritual (Ef. 2:1-5); y después de ser salvos y recibir el don del Espíritu Santo, lo que nos ayuda a cambiar nuestra maldad en piedad es esa relación constante con Dios, dependiendo del poder de Su Espíritu para hacerlo (2 Co. 3:18).

Hablemos del divorcio (Parte II)

El divorcio debe ser la última instancia en una relación matrimonial. El mantener el matrimonio debe ser el propósito de toda pareja, sobre todo entre los creyentes. Aunque exista un pecado sexual presente en la pareja, se debe buscar el perdón y restitución.

Hablemos del divorcio (Parte I)

Antes de que una pareja busque la separación, se debe tratar todas las posibilidades de restablecimiento del matrimonio. Podrán existir profundas heridas que quebranten la relación, pero nada que Dios, en Su voluntad, no pueda ayudar para que el matrimonio continúe tal como Él lo estableció.

Arrepentimiento, y plegaria pidiendo purificación – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (XVII)

No importa cuan grave sea nuestro pecado, la misericordia de Dios siempre obrará en favor nuestro para perdonarnos (1 Jn 1:9). Acérquese con confianza a buscar el perdón por medio de la obra redentora de Jesús (Hch 2:38; 10:43).

La dicha del perdón – “TAÑENDO CUERDAS” AL SEÑOR (IX)

Si hay alguien quien conozca bien la oscuridad del pecado, la bajeza de nuestra depravación, la depresión que ejerce el sentimiento de culpa, la humillación de la corrección, la necesidad del perdón, la gracia del Señor, la inmensidad de Su misericordia, y la fidelidad de Dios a través de la restauración, ese podría ser David.

Principios para el Líder XV – CORRECCIÓN

El líder, al ser representante de Dios con autoridad, tiene la responsabilidad ante el Señor de hacer todo para representarlo, e implica manifestar su carácter en todas las áreas, incluyendo la santidad o moral de todos.

En el Pecado

El pecado solamente trae destrucción y muerte, pero Dios siempre estará dispuesto a restaurarnos por medio de Cristo.