2018

Gozosos, firmes y constantes

1 Corintios 15.3, 4 Anexo

1 Corintios 15:1-4

“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.”

 

Cuando nos aseguramos de que algo que usamos o consumimos es duradero y de buena calidad, sin lugar a duda nos atamos a ello y confiamos. Pero si ese objeto no solamente es de buena calidad, sino que placentero y de gran beneficio, nuestro gozo es mayor, ya que tenemos en nuestras manos lo mejor de lo mejor.

 

La Biblia nos recuerda que el evangelio que se nos ha sido predicado tiene su base fundamental en la misma Palabra de Dios: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (v. 3, 4).

 

Con tan gran fundamento, nuestra confianza en el mensaje del evangelio nos llena de seguridad y gozo. Todos los que hemos oído y respondido favorablemente a este mensaje (v. 1, 2) tenemos anclada nuestra esperanza en Su Palabra (He 6:19).

 

Con esta seguridad, lo que tenemos por delante en nuestra vida no debería detenernos ni desalentarnos. Para poder vivir una vida victoriosa debemos afianzar esta gloriosa verdad en nuestra mente. Pablo, en su ilustración de la armadura de Dios llamó a esto como el “yelmo de la salvación” (Ef 6:17). Afianzar la verdad del evangelio en nuestra mente nos otorga seguridad e identidad, en guardarlo tenemos confianza.

 

Esta misma identidad nos debe motivar a ser fieles. Entendiendo todo lo que el Señor ha hecho por nosotros, y toda la seguridad que Dios nos da en Su Palabra acerca de nuestra salvación, debemos impulsarnos a comprometernos a vivir por tan magnífica causa. La palabra “perseveráis” nos llama a estar firmes o de pie (v. 1). Como soldado ante la batalla, no nos debe importar el tamaño del enemigo que se nos acerque, nuestra seguridad de vida eterna nos debe alentar a seguir enfrentándolo sin temor, con la confianza que ya hemos sido justificados y que en Cristo tendremos victoria constante (Ro 8:33-39).

1 Corintios 15.3, 4 Pensamiento

Pero la Biblia nos hace un llamado de atención, debemos estar seguros de que no hemos creído “en vano” (v. 2). El mensaje de salvación es que “Cristo murió por nuestros pecados, … que fue sepultado, y que resucitó al tercer día”; para que esta verdad le otorgue seguridad, usted debe haber confiado en ello, no se trata de saberlo, se trata de creerlo desde lo profundo de su ser: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Ro 10:9). Usted puede tener esa segura victoria, debe comenzar creyéndolo de corazón colocando su fe en Cristo como su Salvador.

 

«Gracias Señor Jesús, desde el pecado, pasando por la muerte, y llegando hasta la vida eterna, en Ti tenemos esperanza de victoria»

 

Romanos 8:37

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”

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