2018

Él quiere impartirnos su justicia

2 Corintios 5.21 Anexo

2 Corintios 5:18-21

“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

 

Si usted llega asistir a una corte de justicia, se encontrará con una gran cantidad de diversos casos, civiles y penales; y cada compareciente tiene la oportunidad de aceptar o negar las acusaciones presentadas contra él ante el juez. Por su puesto, muchos de los casos que se presentan no tiene fundamento, en donde el acusador injustamente trata de demostrar que el acusado es culpable de los cargos imputados; en otros, esos cargos son reales y tienen que ser juzgados y penalizados.

 

Ante el Juez Supremo, todos nosotros somos ya declarados culpables. No hay nada que el hombre puede hacer para presentar defensa, todos somos pecadores, y por lo tanto estamos “destituidos de la gloria de Dios” (Ro 3:23). La Palabra de Dios nos ha sido dada, entre otras cosas, para que se nos revele nuestro pecado y reconozcamos nuestra condición pecaminosa (Ro 3:20).

 

Ante tal condición, no hay nada que pudiéramos hacer para poder hallar justificación, y lo que debemos pagar a causa de nuestros pecados es justo: Una condenación eterna separados de Dios (Ap 20:11-14). “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su grande amor con que nos amó” (Ef 2:4) quiso reconciliarnos “consigo mismo” por medio de “Cristo”, no tomando en cuenta nuestro pecado (2 Co 5:18, 19).

 

Su justicia demanda el pago del pecado por parte del culpable, y eso nos ponía a todos en condenación. En Su amor, justicia y sabiduría, Dios determinó que Jesús, quien “no conoció pecado”, fuese hecho por nosotros “pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia”, declarados justos ante Dios, “en él” (2 Co 5:21).

 

Jesús se presentó en el estrado de la corte celestial como culpable por nosotros, y en la cruz pagó por nuestro pecado con su vida derramando su sangre. Dios, en su voluntad, determinó que Jesús muera como “propiciación” por nosotros (Ro 3:25); es decir, la justicia y la santidad de Dios demandaba el pago de nuestras injusticias, y la sangre de Cristo calmó la ira santa de Dios.

2 Corintios 5.21 Color

Pero este proceso judicial, esta transacción de culpabilidad y pago, tiene que ser aceptado por el hombre para que sea considerado debidamente ante el Juez. Dios nos ofrece esta oportunidad de librarnos de nuestra culpa y perdonarnos; ya ha presentado el medio judicial ante nosotros para que se nos sea otorgado, el hombre tiene la responsabilidad de entenderlo y aceptarlo.

 

Es mediante la fe en Jesús que se nos imparte su justicia (Ro 3:22, 25-26). Aceptar a Jesús como Salvador es creer que Él ya pagó nuestra culpa, y es ahí que su justicia nos es impartida, nos es otorgada; entonces, podremos ser “hechos justicia de Dios en él”. Dios quiere perdonarlo y justificarlo, lo que debe hacer es recibir la justificación que ha preparado por medio de Cristo para usted.

 

«Señor Jesucristo, gracias por morir por mis pecados y en mi lugar, y así otorgarme Tu justicia»

 

Romanos 3:28

“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.”

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