2018

Con “certificación” de Dios

1 Tesalonicenses 2.4 Anexo

1 Tesalonicenses 2:3-8

“Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones. Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo. Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.”

 

Cada vez se hace más frecuente escuchar la necesidad de la validez o la certificación que ciertas organizaciones o entidades de control otorgan a las personas, los productos, y las empresas. Esta certificación brinda respaldo a quien ha cumplido con los requisitos, y el propósito del control y la validación es dar confianza al consumidor.

 

También existe a la venta productos con garantía de fábrica que certifica que el producto cubre especificaciones de calidad del productor, y bajo esas condiciones garantizan su normal funcionamiento durante un determinado período de tiempo, en el cuál, si el producto presenta algún desperfecto, puede ser presentado para su reparación o reposición.

 

Cuando se trata de certificar o aprobar a una persona para que represente al Señor en Su obra, es Dios mismo quién otorga tal certificado (v. 4).

 

Dios conoce el corazón de la persona a quien Él mismo ha llamado para servirle (1 S 16:7; Jer 17:10), lo considera fiel y digno de confianza (1 Ti 1:12), lo prepara en su carácter y lo capacita con dones para que cumpla debidamente el llamado. Es Dios quien aprueba y llama, y la Iglesia solo cumple con reconocer la aprobación ya dada por Dios (Hch 13:1-3).

 

La aprobación viene con autoridad impartida por Dios para ser el heraldo del mensaje, el líder del pueblo, y el administrador de los bienes otorgados a la iglesia. Por tanto, los miembros de la iglesia deben aceptar con agrado su liderazgo, someterse ante tal autoridad, y escuchar atentamente el mensaje que es dado por Dios y presentado por medio de Su fiel emisario. Esta aprobación le otorga derechos y obligaciones al aprobado.

 

Pablo nos dice que debía continuar la predicación aún en contra de la oposición (v. 2); el mensaje dado es puro en sí mismo, por lo tanto, debe ser entregado tal cual es entregado por Dios (v. 3). El trabajo del ministerio no debe ser hecho para agradar al hombre, sino a Dios, quien lo llamó (v. 4). El mensaje debe ser dado para edificación del pueblo, y no para buscar beneficio del mensajero (v. 5). El mensajero no debe buscar su propia gloria (v. 6), sino la de Dios (1 P 4:11). La persona llamada debe ser tierno al servir (v. 7, 8), y no autoritativo o prepotente (1 P 5:2). El ministro llamado debe ser ejemplo de trabajo y no vagancia (v. 9), y de buen comportamiento entre los demás creyentes (v. 10), para que ese mismo testimonio sea su respaldo cuando tenga que exhortar y confrontar el pecado de la grey (v. 11, 12; 1 Ti 4:12).

1 Tesalonicenses 2.4 Color

Sea un pastor o misionero, su aprobación ha sido dada por Dios, por eso debemos reconocer tal llamado y tenerlos en mucha estima (1 Ts 5:12, 13), honrándolos como tales. Esta misma aprobación demanda del siervo su responsabilidad de presentarse ante Quien lo llamó aprobado, velando constantemente para seguir fiel a su llamamiento y a la “certificación” hacia él otorgada (2 Ti 2:15).

 

«Gracias Señor por aquellas personas a quienes Tú has llamado y aprobado para el ministerio. Gracias por los pastores y misioneros que te sirven fielmente en Tu obra. Ayuda a cada siervo Tuyo a cumplir fielmente la obra; y ayuda a Tu Iglesia a reconocer la aprobación a ellos otorgada para que honremos su autoridad y cuidemos de ellos como debemos hacerlo»

 

2 Timoteo 2:15

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse…

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