Dignos de reconocimiento

En cada congregación nos encontramos con creyentes fieles a la obra, aquellos que, sin ser pastores o ministros reconocidos en la iglesia, dan de sus vidas en el servicio a los demás. Su esfuerzo y dedicación es entregado en relación al Señor y a la iglesia. Ellos deben ser igualmente reconocidos, apreciados y respetados.

¿De qué me sirve conocer a Dios?

¿Quien soy yo? es una de las dos preguntas que podemos responder cuando conocemos quién es Dios. Cuando le conocemos a Él, nos conocemos a nosotros mismos, nos vemos como Dios nos ve y comprendemos cuál es nuestra identidad.

¿Por qué debo conocer a Dios?

Algunos autores cristianos coinciden en que la pregunta más importante que todos como seres humanos debemos responder es: “¿Quién es Dios?” Porque de la respuesta a esa pregunta se define la dirección y los matices que la vida de cada hombre exhibirá, por eso, debemos interesarnos por saber “Quién es Él”, y una historia que ilustra muy bien ese proceso de conocerlo es la de Moisés, en el llamado que Dios le hizo podremos considerar algunas cosas para responder la pregunta: ¿Por qué debería conocer a Dios?

Velando por Sus siervos

Cada creyente debemos estar agradecidos por aquellos pastores y misioneros que han servido al Señor, y por medio de quienes Dios nos ha bendecido con sus vidas, cuidados y enseñanzas. A la verdad, todos nosotros somos el resultado de amor y esfuerzo de algún siervo de Dios que ha dado de su tiempo y amor para que nosotros podamos conocer a Dios y a Su Palabra, y crecer en Él.

Considere la opción de vivir soltero

La persona casada requiere tiempo para su pareja y familia, designa parte de lo que tiene para atender las necesidades de la familia, y por tanto su posibilidad de servir en cuanto a ello se reduce. El soltero en cambio, puede servir a Dios con mayor libertad.

Se requiere servicio íntegro

Dios llama a todos los creyentes a servir, y este privilegio no debe ser ignorado, antes recibido con humildad y gratitud. El Señor desea obrar por medio de nosotros para continuar con Su obra en la tierra antes de que Cristo venga, y este privilegio debe ser tomado como un honor.

La manifestación del Espíritu

Usted y yo somos parte de esa iglesia local, y debemos unir esfuerzos para que Dios vaya edificándola. Seamos creyentes activos y pongamos a disposición de Dios y de la iglesia todos nuestros recursos, sean estos espirituales, nuestras capacidades, y nuestros recursos para que crezca de acuerda a la voluntad de Dios.

Construyendo en buena base

Para cada uno de nosotros, también existe la responsabilidad de como sobreedificamos nuestras vidas. Muchas veces los creyentes, sobre todo los no maduros, se dejan envolver por mala enseñanza, y comienza a edificar sus vidas con doctrinas falsas, lo que puede generar un mal crecimiento (Ef. 4:13-15).