2018

“El mundo no era digno”

Hebreos 11.38 Anexo

Hebreos 11:32-40

“¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.”

 

Cuando se hace un reconocimiento a una persona por su loable labor, se destaca el aporte que esta persona ha dejado en bien del prójimo o de la sociedad. Se analiza todo lo que ha hecho y los beneficios que ha entregado. Se hace mucho bien en reconocer esa labor.

 

Pero cuando se trata de un aporte espiritual, si ese aporte real ha llegado para buscar el cambio y el beneficio espiritual de la sociedad en la que se halla, y la sociedad lo rechaza o niega su trabajo, entonces vemos que el problema no es la falta de trabajo por parte de quien trata de dar todo por el bien de la colectividad, sino, que el problema está en el corazón de esa sociedad en la que se desenvolvió esa persona.

 

Si miramos atrás, a la vida de los profetas que el Señor envió para traer cambios en la vida espiritual del pueblo, hallamos en personas como Elías, Eliseo, Jeremías, y otros más, que su sociedad contemporánea no reconoció su labor tal cual debió hacerlo en su tiempo, al contrario, la misma sociedad a la cual ellos servían los rechazó y negaron recibir cualquier aporte que estos hombres de Dios traían. Como lo expresó el comentarista Kistemaker, «estos profetas antiguos, perseguidos y maltratados, fueron los refugiados del mundo»

 

Fue muy triste ver en estos últimos días, después del fallecimiento de un gran evangelista, que llevó el mensaje de las buenas nuevas a millones de personas en el mundo, que algunos medios de comunicación ni siquiera mencionaron cortamente su deceso, sabiendo que el mensaje que tal hombre llevaba iba en contra de lo que ellos creen o apoyan. Otro comentarista bíblico, refiriéndose al pasaje en Hebreos dijo: «El mundo los trató como indignos de vivir. Pero el Espíritu Santo prorrumpe aquí en una exclamación de que en realidad era al revés: el mundo no era digno de ellos»

Hebreos 11.38 Color

Esto nos debe llevar a reflexionar: ¿Cómo se encuentra mi vida espiritual y el aporte que estoy entregando al mundo? ¿Cuán significativo es mi servicio para el Señor y cuanto aporte doy para el reino? ¿El mundo me ve digno de ellos o, al contrario, no tengo valor para una sociedad que rechaza a Dios?

 

Nuestro aporte espiritual real tal vez no tenga valor para este “mundo” en el que vivimos, pero si debe tenerlo para Dios y Su iglesia. Que nuestra vida tenga significancia eterna, y si el mundo no nos considera dignos, pues recordemos, es el mundo el que no es digno de los hijos del reino. A Jesús lo aborrecieron, igualmente va a ser a los Suyos (Jn 15:18, 19).

 

«Señor, lo que yo haga que tenga valor ante Tus ojos, aunque el mundo ni siquiera lo mire»

 

Hebreos 6:10

“Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.”

 

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