Matrimonio y Hogar

Amor, definido en acciones (Parte III) | MATRIMONIO y HOGAR

1 Corintios 13.4b

1 Corintios 13:4

“El amor es sufrido, es BENIGNO; el amor NO TIENE ENVIDIA, el amor no es jactancioso, no se envanece.”

 

El amor es BENIGNO:

La palabra “benigno” traducida en el texto es la palabra griega “cresteuomai” (χρηστεύομαι, G5541) que significa bondadoso, actuar benevolentemente o alguien que se muestra a sí mismo útil. Una persona que ama va a actuar con bondad.

Tener bondad es buscar maneras de ayudar o bendecir a la persona amada. El amor es benevolente, porque al amar buscamos dar amor con simpatía. El amor debe ser bueno al ser servicial. La palabra “cresteuomai” habla de mostrarse uno mismo útil, quiere decir que es alguien que busca maneras de hacer bien mostrándose útil.

Podemos ver que el amor, para ser benigno, tiene que dar de sí buscando favorecer a la persona amada con actos buenos, tiernos, agradables.

Mi familia necesita esa clase de amor, un amor bueno que está presto siempre a hacer cosas buenas a quienes estoy amando. Busco cosas que mi esposa o esposo necesita para cubrir esa necesidad, estando dispuesta a dárselo sin condición o límite, porque quiero ser útil. Y estos actos de “utilidad” van con bondad o benignidad.

A mis hijos o a mis padres, les demostraré mi amor dando mi ser por ellos con ternura y simpatía, porque mi amor es benigno. J. V. McGee en su comentario bíblico nos dice que “el amor sin benignidad es como el tiempo de primavera sin flores, o como una fogata sin calor (Efesios 4:32)”.

El amor NO TIENE ENVIDIA:

La palabra griegazeloo (ζελόω, G2206), que se traduce envidia, significa también tener o arder en celo. Es decir que el verdadero amor no va a tener envidia de las cosas buenas que le pasan a mi ser amado, y que de alguna manera esa cosa buena que le sucede no me puede afectar o beneficiar a mí directamente, al contrario, puede marcar una diferencia, y esto no debería generar en mí un malestar pecaminoso por celo o envidia.

Una persona que ama sinceramente no va a tener envidia porque a mi hermano le han dado un reconocimiento y a mí no. No va arder de envidia si mis padres se fueron de viaje y a mí no me llevaron. O no va a ponerse celoso si es que mi esposa recibe reconocimiento en el trabajo haciendo que tenga un mejor sueldo que el mío. O porque esa persona tiene mejor posición económica que yo, etc.

Un amor sincero va a estar contento por las cosas que la persona amada ha recibido en favor y que no necesariamente me afectan favorablemente a mí. El amor no va a ser envidioso cuando yo me contento por cada cosa que mi ser amado reciba individualmente, y como bendice a ese ser amado, estaré feliz por él, ella o ellos.

J. V. McGee en su comentario bíblico menciona al autor Bacon, y este dice que “la envidia es una vil afección, y la más depravada de cualquier otra”. Esta clase de amor no envidioso lo podemos ver en el ejemplo de Jonatán, cuando supo que David iba a ser rey de Israel, se alegró mucho por ello sabiendo que él mismo no lo sería y obró cuidando con amor el bienestar de su amigo amado (1 Samuel 20:30-42).

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