Matrimonio y Hogar

Por el bien de ellos | MATRIMONIO y HOGAR

Romanos 15.2

Romanos 15:1-3

“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y NO AGRADARNOS A NOSOTROS MISMOS. CADA UNO DE NOSOTROS AGRADE A SU PRÓJIMO EN LO QUE ES BUENO, PARA EDIFICACIÓN. PORQUE NI AUN CRISTO SE AGRADÓ A SÍ MISMO; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.”

 

Aunque este pasaje trata la manera como debemos relacionarnos con personas de diferentes grados de espiritualidad y comportamiento en nuestra relación con Dios; nos otorga varios puntos que podría ayudarnos a evaluar lo qué, cómo, por qué, y por quién hacemos algo para agradar a otros y a nosotros mismos.

Debemos iniciar definiendo la palabra agradar, y esta significa complacer en algo, gustar o caer en gracia. Es hacer algo que vaya a traer aprobación o beneficio a alguien. Y cuando se trata de la familia, este principio debe ser uno de los motivadores esenciales de nuestras acciones.

“No agradarnos a nosotros mismos”: Todo lo que hagamos debe ser hecho de forma generosa o altruista, y no egocentrista. Siempre estaremos expuesto a nuestro ego, y pensar o actuar en función de nuestros beneficios y gustos siempre serán nuestras ocultas motivaciones a causa del pecado. Esto puede llevarnos hacer cosas que buscaran una autosatisfacción, y hay que tener cuidado.

“Cada uno de nosotros agrade a su prójimo”: Hay varias formas de agradar; entre ellos está un comportamiento suave y alegre, no brusco o enfadoso, evitando siempre el agravio. Podemos agradar en la manera como velamos por sus intereses, pensando en lo que ellos desearían o necesitan. Podemos agradarles con afecto físico o con palabras de ánimo y apreciación. Hay muchas formas de llegar a agradarles, y todas muy necesarias.

“En lo que es bueno”: El problema en que podemos caer muchas veces al desear agradar es caer siendo muy contemplativos o generosos con nuestros actos, y no todos ellos son beneficiosos. Tener un correcto discernimiento de lo que puedo hacer por agradar sin perjudicar la piedad o santidad de mi familia será lo apropiado.

“Para edificación”: Algo que siempre será agradable para ellos es que tratemos de hacer cosas para su edificación, sean estas actividades propias nuestras que hagamos o cosas que reciban nuestro apoyo a lo que ellos hacen. Todo lo edificante siempre será apreciado tarde o temprano.

“Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo”: Nuestro ejemplo siempre será seguir al Señor Jesucristo. Agradar desde este punto de vista es dejar a un lado nuestros propios intereses o necesidades por buscar el beneficio de la persona a quien deseo bendecir, es una manifestación profunda de amor ágape.

Entonces podemos decir que agradar a mi familia será hacer todo lo posible que beneficie y edifique a mis seres queridos. Sería darlo todo en función de manifestarles mi amor por ellos dejando a un lado mi vida e intereses, buscando siempre maneras creativas y apropiadas de complacerlos y estar en gracia con ellos, de tal manera que nuestro tiempo compartido sea un tiempo que a todos nos guste tener.

Agrade bíblicamente a su esposa o esposo, a sus hijos, a sus padres, a todos en general; y será bendecido al tiempo que los bendice.

 

Romanos 15:5-6

“Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.”

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