Evangelismo

Hacedor de maravillas | VIDA CRISTIANA

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Salmos 72:18-19.

BENDITO JEHOVÁ DIOS, el Dios de Israel, EL ÚNICO QUE HACE MARAVILLAS. Bendito su nombre glorioso para siempre, y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén.”

Las Siete Maravillas del Mundo, mejor conocidas como: Las Siete Maravillas o las Siete maravillas del Mundo Antiguo fueron un conjunto de obras arquitectónicas y escultóricas que los helenos, especialmente los del período helenístico, consideraban dignas de ser visitadas. A lo largo del tiempo distintos autores han  plasmado varios listados, pero el definitivo no se fijó hasta que el pintor alemán Maerten van Heemskrerck realizó en el siglo XVI siete cuadros representando a la Gran Pirámide de Giza construida por los egipcios de la Cuarta Dinastía; los Jardines Colgantes de Babilonia ordenados por Nabucodonosor II; El templo de Artemisa en Éfeso; la Estatua de Zeus en Olimpia esculpida por Fidias; la tumba del sátrapa persa Mausolo en Halicarnaso; el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría erigido por la dinastía ptolemaica. (Wikipedia)

En el año 2007 se realizó un concurso  con el fin de reconocer las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno, con el fin de admirar las estructuras arquitectónicas que se encuentran erguidas en la actualidad. Mismo concurso que fue inspirado en la lista de las siete maravillas del mundo antiguo. Este reconocimiento fue otorgado por la empresa New Open World Corporation.

El versículo de hoy nos habla no de las maravillas, sino del único hacedor de maravillas: Dios.

Muchas veces el hombre realza las obras del mismo hombre, pero la Biblia nos anima a reconocer a Quién hace realmente obras maravillosas.

Dios creó el mundo (Génesis 1:1), Dios creó al hombre (Génesis 1:26-27), Dios trajo el diluvio como castigo del hombre (Génesis 7-9), Dios sacó a Israel con milagros y grandes obras de Egipto (Éxodo 7-14), Dios alimentó a Israel con pan del cielo por 40 años (Éxodo 16), Dios abrió las aguas del Río Jordán para que Su pueblo pase a la Tierra Prometida como por tierra seca (Josué 3). ¡Y la lista sigue interminable!

Sobre todo, Dios envió a su Hijo al mundo para morir en la Cruz del Calvario, para que todo aquel que crea en el sacrificio perfecto de Jesús no vaya al castigo eterno: «infierno», sino, mas bien, tenga la posibilidad de obtener vida eterna: «cielo» (Romanos 6:23). Culpables como somos, Dios fue más allá de nuestro pecado, y nos presenta Su obra gloriosa de redención para darnos eterna salvación a través de Cristo (Hebreos 5:8-9).

Alabemos al Autor de tan grandes y bellas “maravillas”.

 ¡A Él sea la gloria, “Amén, y Amén”!

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