Evangelismo

No importa en el lado que estás | Una mirada a las MISIONES

Hebreos 6.10

Hebreos 6:10

“Porque DIOS NO ES INJUSTO PARA OLVIDAR VUESTRA OBRA Y EL TRABAJO DE AMOR que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.”

Cuando hablamos de Misiones siempre recordamos el trabajo inmenso que los misioneros realizan alrededor del mundo para llevar con amor y fidelidad la verdad del evangelio a aquellos que no lo han escuchado y que necesitan oír que existe un Salvador para sus pecados, el Señor Jesucristo.

Ese esfuerzo dado por los misioneros siempre es digno de reconocimiento y admiración. Personalmente, fue a través de un misionero, Jaime Smith (J.S.), que llegué a escuchar de la posibilidad que tenía de recibir el perdón de mis pecados y la liberación del castigo eterno si ponía mi fe en la muerte sustitutoria y la resurrección poderosa de Jesucristo (1 Corintios 15:1-4). Siempre daré gracias a Dios por haber llevado a J.S. a mi país para poder ser ahora un hijo redimido por fe.

Pero poco meditamos en el amor y el sacrificio, tanto material como espiritual, que muchas personas han tenido durante todas estas décadas de ministerio de J.S. Ese valioso apoyo económico, moral, y espiritual es eternamente importante en las misiones. Esos hermanos y hermanas en Cristo que fielmente, y durante todos estos años, han hecho posible que J.S. haya servido en mi país y aún más allá, son merecedores de nuestro reconocimiento.

El versículo de hoy hace referencia al “TRABAJO DE AMOR” de cada creyente cuando participa activamente en la Obra de Dios sirviendo a los santos en las misiones.

Primeramente, este “TRABAJO DE AMOR” es motivado por el amor que los creyentes tienen hacia el Señor (“… que habéis mostrado hacia su nombre…”). Es el sincero amor a Dios que los motiva a servir a “los santos”. Un creyente comprometido con Dios siempre estará comprometido con la Obra de Dios y con los que participan de ella.

Segundo, este “TRABAJO DE AMOR” está enfocado hacia los creyentes sirviéndoles con fidelidad (“… habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún…”). En Misiones, sin ese servicio “espiritual y material” que fielmente los hermanos de las iglesias locales dan a los misioneros, no fuera posible llevar el evangelio al mundo.

Tercero, este “TRABAJO DE AMOR” llega a tocar y a beneficiar a todos los nuevos creyentes, que por medio de la obra misionera llegan a convertirse en nuevos “santos” al creer e invocar el nombre de Cristo (“…a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro” 1 Corintios 1:2). Es ahí donde el cuadro se completa. Tanto el misionero, como quienes apoyan la obra misionera, son participantes del “TRABAJO DE AMOR” en beneficio de los “nuevos santos” en todo el mundo.

Dios no es injusto para olvidar este “TRABAJO DE AMOR”. No importan en qué lado que se esté, sea de los que envían o de los que son enviados, Dios sabe muy bien del trabajo que cada uno cumple en Su Plan divino para alcanzar a los nuevos creyentes.

No importa de qué lado estás en la participación de la Obra Misionera, todos ustedes son dignos de nuestro reconocimiento; y como dirían en mi país: … «“QUE DIOS SE LO PAGUE”»

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