Matrimonio y Hogar

Alumbrando en casa | MATRIMONIO y HOGAR

Mateo 5.14-16

Mateo 5:14-16

VOSOTROS SOIS LA LUZ del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, SINO SOBRE EL CANDELERO, Y ALUMBRA A TODOS LOS QUE ESTÁN EN CASA. ASÍ ALUMBRE VUESTRA LUZ DELANTE DE LOS HOMBRES, PARA QUE VEAN VUESTRAS BUENAS OBRAS, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Estando en casa, una de las cosas que menos disfruto es estar desprovisto del servicio de energía eléctrica. La incapacidad de poder utilizar los electrodomésticos que requieren fluido eléctrico hacen de mi estadía algo aburrida. Aunque actualmente se dispone de varios dispositivos que poseen batería, no todos ellos suplen la falta de algo para alumbrar los cuartos y pasadizos durante la noche. La “luz” siempre será necesaria.

En la vida espiritual de la familia existe otra luz muy indispensable, esa es la luz espiritual que por medio de un creyente devoto el hogar puede ser beneficiado.

Cada uno de los creyentes debemos ser luz en todos los lugares en donde coexistimos. Nuestras vidas deben ser ese medio por el cual Dios llega a iluminar la vida y las acciones de las personas que se encuentran a nuestro alrededor, y de esa manera mirar a Dios; y en nuestra casa más.

El pasaje nos habla de un par de ilustraciones que nos ayudan a meditar en el valor y el uso de la luz. Una ciudad que se encuentra en un lugar alto siempre será hallada, es imposible esconder algo tan grande que se encuentra en un lugar alto. Nuestras vidas son analizadas por todos los que nos ven. Usted no puede esconderse de quienes lo conocen, puesto que saben que estamos para ser referentes. En el tiempo antiguo, uno de las razones del por qué se construían las ciudades en lugares altos era para ser referencia a los viajeros para que encuentren el destino, especialmente en la oscuridad; así como un faro al navegante. En la segunda ilustración encontramos el valor de una luz, que, al ser colocada en alto, favorece con luz en la misma casa. Así nuestra vida como creyentes debe cumplir este vital propósito, mientras que la ciudad alumbra al que está “fuera de casa”, la lámpara alumbra a los que están “dentro de casa”.

Una bombilla eléctrica en sí no tiene poder para iluminar, necesita de la energía eléctrica para brillar. La Luna tampoco tiene luz, lo que vemos es el reflejo del Sol en ella. Nosotros no podemos iluminar por nosotros mismos, somos un reflejo de Dios, siempre y cuando “la luz” de Dios brille en nosotros.

Lo interesante del pasaje es que llama al creyente a reflejar la luz con las buenas obras, no con palabras. Si bien no estará mal hablar a nuestros seres queridos de Dios y de Su Palabra, el énfasis no está en lo que digamos, sino en cómo vivamos. Son nuestras buenas obras las que “alumbrarán” a los demás, y ahí glorificarán a Dios. ¿Es nuestra vida una “LUZ” por el cual Dios ilumina nuestra familia? Vivamos de tal manera que nuestro hogar sea impactado con una vida llena del “reflejo de Dios”.

«Ser luz significa vivir la Palabra de Dios de una forma u otra» – Vernon McGee.

 «Padre, que mi vida sea luz en mi hogar»

Efesios 5:8

“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; ANDAD COMO HIJOS DE LUZ.”

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