Matrimonio y Hogar

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Proverbios 22.6

Proverbios 22:6

INSTRUYE AL NIÑO en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

 

«¿A qué edad se debe empezar la educación moral de los hijos? —preguntaron a un sabio. Este contestó: “Veinte años antes de nacer por lo menos, educando a sus madres” — fue la pronta respuesta.»El Faro.

Esta respuesta del sabio nos expresa una premisa de la importancia que tendrá la educación que hayan recibido los padres para que éstos puedan educar a sus hijos en la medida en la que fueron ellos educados. Pero en la sociedad actual se ha llegado a un punto donde la correcta educación de los niños ha sido relegada para dar paso, a los que los especialistas llaman, una libertad de la manera como se educa a los niños. Con principios errados se busca dar libertad al hijo a que se auto eduque y desarrolle su “ser interior” para que pueda lograr, lo que llaman los actuales sociólogos y sicólogos, su “mayor potencial”.

Este principio, aparentemente provechoso, le quiere brindar espacio al intelecto del niño a desarrollarse en función de lo que él crea conveniente. El problema de este principio es que deja a un lado una realidad espiritual presente en cada niño, y es que cada ser que nace está afectado por una naturaleza pecaminosa que lo llevará a apartarse del bien para ir en pos de lo malo.

Por otro lado, los padres ven en este principio una posibilidad a la liberación de su responsabilidad que tienen de educar a sus hijos. Cada día se aprecia más en las sociedades modernas una irresponsabilidad de los padres de tomar en serio la educación y formación de los hijos, otorgando a los padres mayores libertades para que ellos puedan hacer “sin complicación” sus propias actividades, liberándoles de la tarea, obviamente difícil, de instruir al niño.

Interesantemente el versículo comienza con una palabra que más que parecería más un imperativo: “Instruye”. La palabra original hebrea tiene su significado como iniciarlo, disciplinarlo, adiestrarlo, dedicarlo. Es tarea de los padres de dedicar sus hijos a la educación, iniciarlos con la preparación para la vida, adiestrarlos para que puedan ellos después ser buenos padres, e instruirlos para que sigan el buen camino, el camino de Dios.

La palabra “niño”, en el contexto hebreo, incluye a un individuo desde su misma niñez hasta su juventud. D. Carro dice: “La formación buena es más fácil que la reformación que ha de venir con un joven mal formado.” Es mejor disciplinar a un hijo en su temprana edad, pues hay mayor esperanza a que aprenda debidamente (Proverbios 19:18). Entre más temprano inicie la educación a nuestros hijos, mayores probabilidades habrá de que ellos sean hombres de bien. Es más fácil trabajar con un hierro que se calienta a temprana edad, que quererlos forjarlos ya cuando su corazón está duro y frío por la rebeldía.

M. Henry expresa: “Todo lo bueno, en religión, ciencia y conocimientos prácticos que en la juventud se aprende, será una buena base para crecer mental y espiritualmente, de forma que no se aparte del buen camino cuando se haga mayor.” Es nuestra responsabilidad educar con amor y ahínco a nuestros hijos para que ellos aprendan de Dios y lo correcto para la vida, puesto que más habrá que les querrán enseñar lo malo.

 

«La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo»Paulo Freire.

 

Proverbios 29:17

“Corrige a tu hijo, y TE DARÁ DESCANSO, y DARÁ ALEGRÍA A TU ALMA.”

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