Vida Cristiana

Fruto de paz | VIDA CRISTIANA

Santiago 3.18

Santiago 3:13-18

“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y EL FRUTO DE JUSTICIA SE SIEMBRA EN PAZ PARA AQUELLOS QUE HACEN LA PAZ.”

 

Visitando una cárcel importante un grupo de hermanos que venían de visita querían participar en las actividades que se daban en una pequeña iglesia de internos que existía dentro de la cárcel. La iglesia estaba a cargo de un interno que trataba de llevar adelante la obra. A la misma cárcel llegaba otro grupo de hermanos que trataban también de colaborar con la misma iglesia.

El líder de la comunidad de internos tenía cierto aprecio ante uno de los grupos que los visitaban, pero no tanto al otro grupo. Por varias semanas trataron de trabajar juntos, pero el ambiente era tenso a causa de ciertas diferencias. Finalmente, uno de los dos grupos tuvo que desistir de la idea de participar pues no había paz.

El ser humano está afectado por los celos, las contiendas, la falta de buen temperamento, la mentira, el orgullo, etc. Todas estas manifestaciones de la naturaleza pecaminosa del hombre afectan terriblemente en la manera de cómo nos relacionamos con otros.

Santiago nos dice que estas manifestaciones son “terrenales, animales, diabólicas y “de lo alto. Al contrario “la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía”.

Los intereses personales, las perspectivas individualistas, y otros factores negativos pueden afectar nuestras relaciones, aún dentro de una iglesia. Como personas debemos aprender a relacionarnos apropiadamente para ayudarnos mutuamente.

Todos vivimos en relaciones familiares, laborales, y aún dentro de una iglesia; nuestra meta siempre debe ser la armonía. Antes de continuar con esa ‘batalla’, deberíamos analizar las causas de esa contienda, puede ser que dentro de nosotros está el problema. Recordemos que nuestra naturaleza pecaminosa siempre se interpondrá en las relaciones con otros. Muchas veces dentro de nuestra mente estará esa aparente ‘sabiduría’ que nos convencerá que nuestra perspectiva es correcta, cuando puede ser que no lo sea.

Si no hay paz algo está mal. Antes de continuar deberíamos reflexionar y orar a Dios para que nos ayude a ver la verdadera causa del conflicto, puede ser que esté en nosotros. Ore para que Dios le ayude a encontrar la manera de manejar apropiadamente el conflicto. Ore para que ambas partes trabajen en pro de la paz y el bien común porque “el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz”. No hay nada más bello que poder convivir en armonía con los demás, pero es obvio que dentro de nosotros existe una naturaleza que siempre nos llevará a destruirla.

«Señor, otórgame sabiduría de lo alto para ser un activo pacificador»

 

Mateo 5:9

BIENAVENTURADOS LOS PACIFICADORES, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”

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