Matrimonio y Hogar

Enseñanza y ejemplo (Parte VII: El sexo en el enamoramiento) | MATRIMONIO y HOGAR

1-timoteo-5-22

Tito 2:6

“Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes.”

 

1 Timoteo 5:22

“… Consérvate puro.”

 

Por demás esta aclarar que nuestra sociedad ha ingresado en un descontrol muy dañino en cuanto a las relaciones sexuales y los diversos pecados sexuales se refiere. Nuestros jóvenes están terriblemente bombardeados con tanta información del mundo que los ha cautivado y conducido a una decadencia tremenda de valores piadosos.

Para el mundo, el conservar, lo que ellos llaman valores morales, se van quedando en lo ambiguo; creen que los valores piadosos y el plan de Dios presente en la Biblia es algo que ha pasado de moda, y que debemos vivir una nueva realidad, una realidad “actualizada”.

Nuestros jóvenes, desde muy temprano están siendo influenciados por una falta de respeto de sí mismos, de quienes están a su lado, y sobre todo a Dios. Para ellos, nuestros jóvenes, el temor al rechazo y la presión ejercida por una sociedad sin valores los ha llevado a cambiar su perspectiva y los ha convencido de un engaño creado por Satanás que ha inducido al pecado sexual, en todas sus formas, destruyendo la pureza de la mente y el corazón de la juventud.

Ahora creen abiertamente que el tener relaciones sexuales dentro del enamoramiento es algo “moderno”, apropiado para alcanzar “experiencia”, y que los lleva a divertir. Como sociedad hemos dejado atrás el valor que la pureza y la virginidad del hombre y la mujer tienen dentro del matrimonio. Muchos creen que el convivir dentro de una relación emocional informal llevando una relación sexual es parte de lo debido. ¿Pero, qué nos enseña la Biblia?

Las relaciones sexuales son un regalo de Dios para la pareja única y exclusivamente dentro del matrimonio. Fue establecido por Dios para la reproducción de la raza humana, pero que tenía como propósito también bendecir a la pareja en su vida íntima. Dios fue el primero en establecer el matrimonio y bendecir a la pareja en el Edén (Génesis 2:23-25).

También la Biblia nos enseña que la relación del matrimonio inicia con una voluntad mutua de vivir juntos, es un compromiso que se lo hace en público para reconocimiento de todas las demás personas, es por ello que se llevaban a cabo las bodas (Génesis 29:21-23). El acto de la intimidad sexual solamente se debe dar en este marco.

En Deuteronomio, la Palabra de Dios nos dice claramente que si un par de jóvenes se llegaban a juntar en un acto sexual llegaban a formar ya una pareja y por lo tanto no deberían ya separarse (Deuteronomio 22:28-29). Y aunque seguía siendo un acto pecaminoso, el joven varón tenía la obligación de restituir la deshonra al padre de la señorita con un pago, y que desde ese momento ya no podía separarse de ella, estableciendo así una pareja para toda la vida.

En la Primera carta a los Corintios, Pablo nos expresa que una relación sexual fuera de un matrimonio nos afecta no solamente en la parte física, sino espiritual. El allegarse a una persona físicamente afecta las emociones, la parte cognoscitiva, la parte física, y por supuesto la parte espiritual. Esta implicación es muy fuerte (1 Corintios 6:12-20).

Es nuestro deber el enseñar y ayudar a nuestros hijos a evitar tener cualquier relación sexual antes del matrimonio, sea esta en forma casual o durante un enamoramiento. No es una enseñanza que se deba impartir solo a las señoritas, sino en el hombre también, ambos jóvenes deben llegar puros al matrimonio para que puedan disfrutar de este regalo maravilloso de Dios en el seno apropiado para disfrutarlo. El acto sexual en la noche de bodas debe ser el clímax del compromiso emocional y formal que se ha dado; el “sello”, por decir así, que debe afianzar el compromiso de la pareja para el resto de sus vidas.

Cualquier otro momento y en cualquiera de las posibles manifestaciones de satisfacción sexual fuera del matrimonio heterogéneo es pecado, sean estos: pornografía, masturbación, fornicación, homosexualismo, adulterio.

¿No sería hermoso ver a nuestros hijos encontrar a su pareja, que tengan una relación de noviazgo apropiada, y que puedan guardarse íntimamente para su esposo? Enseñemos a nuestros hijos “a que sean prudentes” conservándose puros.

 

«Dios, que nuestros hijos se conserven puros»

 

2 Timoteo 2:22

“Huye también de las pasiones juveniles…”

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