Vida Cristiana

Comenzando con la disposición | VIDA CRISTIANA

1 Pedro 4.1-2

1 Pedro 4:1-2 (DHH)

“Por eso, así como Cristo sufrió en su cuerpo, ADOPTEN TAMBIÉN USTEDES IGUAL DISPOSICIÓN. Pues el que ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado, PARA VIVIR EL RESTO DE SU VIDA CONFORME A LA VOLUNTAD DE DIOS y no conforme a los deseos humanos.”

Hablando un día con alguien, conversábamos de los necesarios que son los cambios para conseguir mejoras, y los cambios para bien siempre son buenos sin duda. La conversación llego a ser interesante y amena hasta que llegó el punto de hablar acerca de las áreas en donde nos costaba a nosotros cambiar, y fue ahí donde no se mostró muy dispuesta al cambio. Desconozco cuáles eran esas las razones del por qué le costaba tanto, pero si dijo en forma enfática que no cambiaba debido que así era como era ella.

Detrás de tal respuesta puede estar un poco de orgullo, vergüenza, o negación de hablar de ello, no lo sé; pero era obvio que en su mente había una limitación en su manera de pensar que desde ya le impedía el cambio, sea cual haya sido su problema. Según ella no cambiaba porque en su forma de pensar “así estaba formada o establecida”. Este pobre pensamiento de sí misma le impedía el cambio, o de por lo menos considerarlo posible.

Este hecho me hace pensar en las veces que decimos que no podemos cambiar porque simplemente porque pensamos que estamos hechos de tal forma que no se nos “permite” cambios. Lamentablemente esa es una mentira que hemos llegado a creer y nos lleva a estar atados a nuestros pecados.

Pedro en su Primera Carta nos desafía al cambio, nos dice que el seguir a Cristo no es algo fácil, pues requiere esfuerzo, pero nos indica que el inicio de este cambio se da solamente con una disposición. Un cambio inicia con el deseo interior para dicho cambio, una disposición que nos llevará a buscar los medios para lograr los cambios. Los creyentes tenemos la ventaja de que es que si es posible cambiar y dejar el pecado.

Pedro nos dice que así como Cristo decidió vivir para agradar a Dios a pesar de lo difícil que esto resultó, nos anima a adoptar esa misma disposición de vivir para Dios y no para el pecado.

Cualquiera que sea el pecado que le afecte no es tan fuerte como usted cree, el cambio es posible. Jesucristo nos dice que si permanecemos en Su Palabra seremos libres del pecado (Juan 8:31-32). El Señor nos dice que debemos orar para no ceder a la tentación (Mateo 26:41). Pablo nos exhorta a vivir en dependencia del Espíritu Santo para vencer las tentaciones (Gálatas 5:16). Lo que debemos hacer es considerarnos muertos al pecado y sus tentaciones y disponernos a vivir en obediencia a Dios (Romanos 6:11-14). Ya estamos libres de la esclavitud del pecado y este ya no nos puede controlar como antes.

Obviamente que solos no podemos cambiar, dependemos de Dios y de los recursos que ha provisto. Lo que hará la diferencia como creyente es tomar esta actitud, esa disposición, o como dice en otra versión del pasaje “armarnos del mismo pensamiento” para que junto a Dios dejemos el pecado.

Si podemos cambiar, deberíamos preguntarnos si queremos.

¡Señor déjanos ver nuestro pecado, ayúdanos a disponernos para el cambio, y danos el poder para dejarlo!

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