Vida Cristiana

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Nehemías 5:13

“Además sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío. Y respondió toda la congregación: ¡Amén! y alabaron a Jehová. Y el pueblo hizo conforme a esto.”

 

Con frecuencia pronunciamos la palabra “AMÉN” para referirnos a una afirmación o aseveración sobre algún hecho o dicho. En las iglesias se promueva mucho el deseo de proclamar “AMÉN” cuando el predicador ha dicho una expresión de la cual nos identificamos o aseguramos que es parte de nuestro pensamiento o comportamiento. En otros momentos decimos “AMÉN” para decir que nos comprometemos ante algún pronunciado del cual acordamos cumplir. Y aunque muchos entendemos el significado de esta expresión, pocos a veces nos detenemos a considerar el real valor que ella tiene ante Dios.

En el A.T. la palabra hebrea “amen” (אָמֵן, H543) es traducida como: verdaderamente, genuinamente, amén, que así sea. Esta palabra se usa en su mayoría de las veces como adverbio, y hace referencia a una respuesta afirmativa de aceptación de términos y condiciones de una maldición (Deuteronomio 27:15-26); en pocos casos se utiliza como aceptación de un asentimiento de un pronunciado de otra persona (1 Reyes 1:36).

Ya en el N.T. la palabra hebrea fue transliteralmente llevada al griego, y de ahí al castellano u otros idiomas. La palabra “amen” (ἀμήν, G281) es utilizada para dar un título a Cristo que significa “fiel y verdadero”, como el mismo versículo expresa (Apocalipsis 3:14). También se utiliza esta palabra para expresar que a través de Cristo se cumplen fielmente los propósitos de Dios (2 Corintios 1:20). Las iglesias expresaban su aceptación a una oración levantada por alguien a través de este término (1 Corintios 14:16). En su vida ministerial Jesucristo utilizaba esta expresión griega, que fue traducida al castellano como “de cierto”, para dar a conocer nuevas enseñanzas de parte de Dios y de las cuales el Señor quería que sus oyentes pongan mucha atención (“… De cierto, de cierto te digo…” Juan 3:3).

Como podemos ver, esta palabra tiene varias implicaciones dignas de ser consideradas, especialmente cuando nos estamos refiriendo a una oración levantada ante Dios; cuando asentimos una verdad bíblica; o cuando nos identificamos ante un compromiso dado a Dios en una oración, sea esta de forma privada o pública.

Muchas veces decimos “AMÉN” de forma casual o repetitiva, pero sin considerar verdaderamente el valor de esta expresión, que si tiene un valor significativo en las Escrituras. Cuando estemos considerando alguna promesa a Dios, o cuando estemos asintiendo alguna verdad bíblica, estemos seguro que nuestro “AMÉN” tiene valor real en nosotros. Si es un compromiso ante Dios, como lo fue para el pueblo de Jerusalén en los días de Nehemías, que este “AMÉN” sea real y consciente ante el Señor.

Alguién le preguntó una vez a Daniel Webster: “¿Cuál es el pensamiento más grande que puede ocupar la mente de un hombre?” Él respondió: “Su sentido de responsabilidad a Dios.”Abel Ahlquist, Light on the Gospels.

 

«Dios, que mi mente y corazón estén siempre conscientes de tu Omnipresencia y Omnisciencia»

 

Santiago 5:12

“Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.”

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