Limpiemos Su “casa”

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Marcos 11:15-19

“Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina. Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.”

  1. El Templo de Jerusalén era el lugar más sagrado de toda la tierra, en él debía reposar la gloria de Dios desde los tiempos de Salomón cuando lo edificó y lo dedicó (1 R. 8:12 – 9:9), pero las múltiples desobediencias de Israel hicieron que la presencia de Dios no estuviera ahí.
  2. Los sacerdotes y escribas habían permitido que la gente comercialice animales en el atrio de los gentiles a costa de la necesidad de adquirir animales para los sacrificios.
  3. Ellos estaban permitiendo que los vendedores se aprovechen para hacer ganancia deshonesta en el comercio de los animales, hasta con engaños, mismos actos corruptos en que los sacerdotes también participaban en el fondo. (Comp. Jer. 7:11)
  4. La indignación de Jesús era correcta y su acto apropiado, no era posible que ellos hallan irrespetado la casa de Dios, que debía ser lugar de oración y comunión con el Dios Santo y Todopoderoso (Is. 56:7).
  5. La molestia injusta y pecaminosa de los sacerdotes los llevo a desear matar a Jesús (Mr. 11:18). Tenían un corazón rebelde que los impulsaba a odiar al Señor, en vez de arrepentirse.

El valor que el Templo de Jerusalén tuvo en el A.T. ya no es tan relevante actualmente, Dios ahora mora en cada creyente por medio de la presencia del Espíritu Santo (1 Co. 3:16, 17; 1 Co. 6:19). Cada persona, desde el momento mismo de la salvación, se convierte en morada el Espíritu de Dios, por tanto, es nuestra vida la que debe santificarse para honrar a Dios (Ro. 8:9, 11).

Nuestra vida debe ser santa, ahora que tenemos la capacidad de agradar a Dios por medio del poder que nos da por medio del Espíritu y la obediencia a Su Palabra. Todos tenemos ahora la capacidad de vivir agradando a Dios, todos los creyentes sin excepción. Si eso no está sucediendo, es porque no queremos hacerlo o porque no creemos que es posible.

¿Si Jesús se manifestara este momento en nuestra vida qué cosas cree usted que estaría “volcando y expulsando” de cada uno nosotros? No debemos vivir más sin limpiar nuestra vida espiritual sabiendo que posiblemente tenemos algo completamente desagradable ante el Señor, es tiempo de tomar acciones radicales para hacer de nuestro ser una morada digna de Aquel que merece nuestra absoluta y única adoración.



«No esperemos agradar a Dios si no hacemos una limpieza correcta a nuestra vida espiritual»

Ministerio UMCD

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Publicado por Ministerio UMCD | Un Momento Con Dios

Reflexiones Cristianas. Salmos 1:2 "Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche."

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